11 mayo 2017

Leopoldo Alas, Adiós, Gastón

Mañana darán toda clase de explicaciones.
Se llenarán de viudas los suplementos.
Vanidosos exegetas dirán del fuero interno de su vida
y elogiarán con citas al gran poeta que murió
olvidado.

No fue a velarle al tanatorio de la autopista.
Y en esta oscura noche, de regreso,
pensando que faltaste, por derrame,
al último homenaje que te hicieron,
comprendo que tu ausencia fue el poema.
Qué ironía final, Gastón Baquero,
que enviaste en los días que acababas
a un cubano de Cuba que es santero,
a un cubano de aquí que ha sido un espejismo
y a un tercero, poeta, que me encuentro, me saluda,
 me mira
y brota como en tromba la tristeza.
Tampoco fui a llorarte al crematorio
ni sé si incineraron tu sombrero.

¿Qué anotación al margen con tu caligrafía
de trazos ilegibles, y en qué montón de libros,
anunciaba tu muerte o tu epitafio?
Era verano, la calle vacía.
Andabas muy despacio y en aquel restaurante
te sentabas al fondo mirando hacia la entrada.
“Es lo primero que aprende un buen gángster.
Así nunca te matan por la espalda.”
La muerte innominada se bautiza
con tu nombre, Gastón, en La Almudena.
Y tú que nos decías que el exilio no existe
porque la cuna del hombre es la tierra.
No importa dónde estés, te encuentras en tu casa.
Exilio sería que vinieran habitantes
de otros astros y nos llevaran lejos.
Pero en la tierra no. Estemos donde estemos,
siempre tendremos,
a la misma distancia las estrellas.
En la tierra, decías, tú que eres
cenizas en el aire.
Gastón el exiliado
Abandona la isla de la vida
y los libros. Llevaba por maleta
su espíritu, pequeño paraíso.
Nadie puso laureles en su frente.
Y en esta noche lenta, de triste velatorio
yo en mi ausencia le velo desde casa
y pido tamarindos consagrados.

Leopoldo Alas Mínguez
España
Arnedo, 4 de septiembre de 1962
Madrid, 1 de agosto de 2008

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