11 octubre 2011

Mª Victoria Atencia, Amor

Cuando todo se aquieta
en el silencio, vuelvo
al borde de la cuna
en que mi niño duerme
con ojos tan cerrados
que apenas si podría
entrar hasta su sueño
la moneda de un ángel.

Dejados al abrigo
de su ternura asoman
por la colcha en desorden,
muy cerca de sus manos,
los juguetes que tuvo
junto a sí todo el día,
ensayando un afecto
al que ya soy extraña.

Quien a mí estuvo unido
como carne en mi carne,
un poco más se aparta
cada instante que vive;
pero esa es mi tristeza
y mi alegría un tiempo,
porque se cierra el círculo
y él camina al amor.
Mª Victoria Atencia
España
Málaga, 28 de noviembre de 1931/ 

2 comentarios:

elena clásica dijo...

Qué visión de las entrañas desgarradas. Tan llena de felicidad y de tristeza, como solo los versos saben expresar.
Sorprendente la emoción de los sentimientos encontrados, y grande la vida que se impone en el pone, grande Atencia.
Un gran abrazo, querida Trini.

Oréadas dijo...

El camino del tiempo :-)
Un beso Trini