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12 mayo 2019

Beatriz Russo: Entre la mujer…

Entre la mujer y la primera niña hay un espacio de arena y vidrio. Gira el tiempo en su moción irreverente como un diábolo de esquirlas. Me incomoda su simetría. La nebulosa se origina cuando agito la tempestad que hay en mi mano. Entonces se enturbia el agua en su esfera de luz. Copos de tinta negra flotando como cadáveres tempranos. Son los insectos oscuros de la fiebre. Chocan contra la membrana del tránsito entre relojes. Van dejando sus vísceras sobre el parabrisas de un llanto. Llueve o lloro. Es lo mismo. La nada no tiene sangre, tan solo permanece en su canto.
Beatriz Russo
España
Madrid,  1971


10 mayo 2019

Beatriz Hierro Lopes: Ojos

Hablar tan bajo que nadie oiga, escribir tan minúsculo que nadie lea, tanto vaciar ojos y oídos hasta que me hallen desaparecida en el suelo que piso. Mi ausente yo comprando casas de porcelana para mi madre. Coleccionamos casas, pájaros enmarcados y budas mendicantes, que nos miran más allá de la panzuda ternura de un candelabro de latón dorado al que madre pasa lustre cada lunes. Ni tenemos casas ni alas. El Niño Jesús cojea y duerme en la almohadita de terciopelo rosado que le dejaron para hacer conjunto, en vez del cesto de pajas. No descansa, nos mira con ojos de vidrio pintado bien abiertos; nunca pude tener canicas, pues los adultos tenían miedo de que las engullera; pero yo no me tragaría los ojos de un Niño lastimado. Golpea en la noche mi alma y es posible que se la haya cambiado por ojos vidriosos a un Cristo de dos piernas. Gemir tan bajo que todos lo oigan, hablar tan silenciosamente que nadie pueda dormir, respirar tan lentamente que hasta los santos se despierten y los ángeles huyan de los cielos. ¿Qué otra forma tengo de recrear tu soledad en la mía?
 Beatriz Hierro Lopes
Portugal
Oporto, 1985
Traductor: Ángel Manuel Gómez Espada

26 octubre 2018

John Edward Williams: A veces, inmerso en sus libros

A veces, inmerso en sus libros, le venía a la cabeza la conciencia de todo aquello que no sabía, de todo lo que no había leído y la serenidad con la que trabajaba se hacía trizas cuando se daba cuenta del poco tiempo que tenía en la vida para leer tantas cosas, para aprender todo lo que tenía que saber.
John Edward Williams
Estados Unidos
Clarksville, Texas, 29 de agosto de 1922
Fayetteville, Arkansas, 3 de marzo de 1994
(De Stoner)

26 mayo 2018

Rafael Cadenas, El que es


Si alguien me toca, sólo me toca a mí, a ese mí orgulloso, ese mí que no deja franquear su claustro, y no a ese otro alguien, informe, vasto, neutro, que hace gestiones en la oscuridad.
Herirás al que puedes herir, al que no importa defender, al que no es nada.
No lastimarás a nadie, lastimarás a ese nadie que me cierra el paso.
No temas. Sufre mi guardián. El que debe desprenderse como fruto que he cultivado, usé y abandono.
El otro, oscuro, humilde y quieto, no necesita protección.
No será tocado ni herido. Ni padece ni se queja.
No será destruido.
Rafael Cadenas
Venezuela
Barquisimeto, 8 de abril de 1930

11 agosto 2017

Sebastián Olaso, VII (de Tiranía del desborde)

Me callo cuando la palabra es lo único. La palabra es la moneda que sobrevive al vacío. Golpea con los huesos, en los huesos se corrige, entre los huesos se modela la moneda y su eco de huecos es la imagen del terror. Yo gritaría la palabra para decir que la palabra no es el hueso, no es el hueco, no es el eco. Y ya no sé si en el grito hay fortuna, si en el silencio hay fortuna. Si hay fortuna.

Sebastián Olaso
Argentina
San Nicolás, Buenos Aires, 1968

12 julio 2017

Ibrahim, Antonio Gómez Hueso

En mitad del desierto, en el más hiriente resplandor de la vasta arena, rodeado por el silencio seco esparcido por el polvo viento, supo Ibrahim del gran vacío que ocupaba su ser completo. Y esta revelación le hizo ser un hombre nuevo. Ya nada fue lo mismo: el horizonte adquirió sentido, las dunas le señalaban una senda segura, todo le fue revelado.
Y una noche estrellada, al amparo de los dormidos elementos, Ibrahim ascendió desde el suelo al cielo.
Antonio Gómez Hueso
España
Torredonjimeno, Jaén, 2 de agosto de 1953

17 febrero 2017

Juan Ramón Jiménez, Escalofrio (Platero y yo)

La luna viene con nosotros, grande, redonda, pura.
En los prados soñolientos se ven, vagamente, no sé qué cabras
negras, entre las zarzamoras... Alguien se esconde, tácito, a nuestro
pasar... Sobre el vallado, un almendro inmenso, níveo de flor y de
luna, revuelta la copa con una nube blanca, cobija el camino
asaeteado de estrellas de marzo... Un olor penetrante a naranjas...,
humedad y silencio... La cañada de las Brujas...
—¡Platero, qué... frío!
Platero, no sé si con su miedo o con el mío, trota, entra en el arroyo,
pisa la luna y la hace pedazos. Es como si un enjambre de claras
rosas de cristal se enredara, queriendo retenerlo, a su trote...
Y trota Platero, cuesta arriba, encogida la grupa cual si alguien le
fuese a alcanzar, sintiendo ya la tibieza suave, que parece que nunca
llega, del pueblo que se acerca...
Juan Ramón Jiménez
España
Moguer, Huelva, 24 de diciembre de 1881
San Juan, Puerto Rico, 29 de mayo de 1958

25 julio 2009

Juan Ramón Jiménez, La niña chica (Platero y yo)


La niña chica era la gloria de Platero. En cuanto la veía venir hacia él, entre las lilas, con su vestidillo blanco y su sombrero de arroz, llamándolo dengosa: "¡Platero, Plateriiillo!", el asnucho quería partir la cuerda, y saltaba igual que un niño, y rebuznaba loco.
Ella, en una confianza ciega, pasaba una vez y otra bajo él, y le pegaba pataditas, y le dejaba la mano, nardo cándido, en aquella bocaza rosa, almenada de grandes dientes amarillos; o, cogiéndole las orejas, que él ponía a su alcance, lo llamaba con todas las variaciones mimosas de su nombre: "¡Platero! ¡Platerón! ¡Platerillo! ¡Platerete! ¡Platerucho!"
En los largos días en que la niña navegó en su cuna alba, río abajo, hacia la muerte, nadie se acordaba de Platero. Ella, en su delirio, lo llamaba triste:"¡Plateriiillo!... " Desde la casa oscura y llena de suspiros se oía, a veces, la lejana llamada lastimera del amigo. ¡Oh estío melancólico! ...

Juan Ramón Jiménez
España
Moguer, Huelva, 24 de diciembre de 1881
San Juan, Puerto Rico, 29 de mayo de 1958