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26 abril 2018

Venecia, Lauren Mendinueta

Quisiera capturar en vida tu imagen,
guardarla en la galería de mi mente,
desenterrarte del lugar donde te has refugiado
mientras aumenta cada día tu esplendor
y voy ciega a tu existencia.
Eres como un velo tendido sobre la arena,
toda transparencia y gravedad.
Pareces tan tenue, tan serena,
tan desnuda de todo
salvo de tu gracia.
Me pregunto al contemplar las imágenes
grabadas en la laguna,
cuál es la ciudad real y cuál es su reflejo.
Para Silvia Favaretto
 Lauren Mendinueta
Colombia
Barranquilla, 1977

25 agosto 2017

Plaza de San Marcos, Venecia, Hilario Barrero

Sentados en un banco, bajo los soportales,
dos jóvenes se miran incendiados de la misma manera
que el agua veneciana se estremece cuando la mira el sol.
Son dos cuerpos en armas: ligeros de equipaje,
coraza de algodón, pantalones vaqueros
y la fresca insolencia de sus escasos años.
Tienen todo el día y la noche para amarse por plazas y pensiones,
toda Venecia para mostrar su amor.
Uno de ellos se tumba
y apoya la cabeza en el regazo amigo
como un cristo yacente ofrecido y vivísimo
coronada de luz la cabeza rapada.
Se inclina el compañero y le besa
mordiéndole en los labios como quien come una fruta madura.
Curva la espalda, tensado el cuello, la barbilla encajada
y las bocas unidas, se quedan un momento sin moverse:
gloriosa imagen en mármol de Carrara.
Los contemplan dos viejos sorprendidos,
mil palomas, un bosque de miradas
y una tarde gloriosa de septiembre.
A uno de los viejos se le corta la sangre
y siente un navajazo en las entrañas
al recordar que hace ahora casi cincuenta años
en esta misma plaza, una mochila por toda compañía,
alguien que al preguntarle “Vai solo”?
le enseñó el camino hacia lo oscuro.
Cuando volvió a su casa no le reconocieron
y tuvo que marcharse lejos de su ciudad a vivir en tinieblas.
Hilario Barrero
España
Toledo, 1948

21 agosto 2017

Permanecer en Venecia, Mª Clemencia Sánchez

La perfección de la belleza
Es el dolor.
Volver a Venecia
Como jugarse de nuevo el corazón
Tu vida entera
Tras el rastro misterioso de unos ojos
El presagio de un dios olvidado.
La ausencia esculpe lo amado.
Venecia te dará la sed suficiente
Para despertar el antiguo fuego
El dolor la dicha.
Permanecer en Venecia
Hasta el borde de la fiebre
Como quien hace una cita con su verdugo
El sagrado veneno de lo bello.
Morir en Venecia
Recuperado por un instante
El brillo de la juventud
Salvado para siempre por unos ojos.
Mª Clemencia Sánchez
Colombia
Itagüí, 1970