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25 febrero 2019

Alicia García Bergua: Mi tiempo se ha ensanchado

Mi tiempo se ha ensanchado,
ya no es la vehemencia de los gestos.
Es despertar en medio de un bullicio
que a ratos desconozco.
Avanza descreído,
prolífico de anécdotas
que en verdad no recuerdo.
Ahora en su vacío
sólo quedan palabras,
palabras como nueces
que tengo que romper
para extender los brazos
y constatar de nuevo lo que toco.
Alicia García Bergua
México
 Ciudad de México, 1954

19 febrero 2019

Carmen Boullosa: Tu cuerpo pulsado por sí mismo…

 Tu cuerpo pulsado por sí mismo
es en mis oídos viento claro y fresco,
sonido límpido del cobre y del aliento:

eres tus labios rezumantes de lima,
eres tus ojos recubiertos de bruma,
eres tu mano fina ciñéndose cierva:

 porque en ti anida el mar, eres su guía,
y de ti la más torpe raíz bebe su espina:

 porque tú eres el viento
y eres también la boca virgen
que muchos metros ocultan.
Carmen Boullosa
México
Ciudad de México, 4 de septiembre de 1954

10 diciembre 2018

Gabriel Zaid: La ofrenda

Mi amada es una tierra agradecida.             
Jamás se pierde lo que en ella se siembra.
Toda fe puesta en ella fructifica.             
Aun la menor palabra en ella da su fruto.
Todo en ella se cumple, todo llega al verano.             
Cargada está de dádivas, pródiga y en sazón.
En sus labios la gracia se siente agradecida.             
En sus ojos, su pecho, sus actos, su silencio.
Le he dado lo que es suyo, por eso me lo entrega. 
 Es el altar, la diosa y el cuerpo de la ofrenda.
Gabriel Zaid
México
Monterrey, Nuevo León, 24 de enero de 1934

09 diciembre 2018

Alicia García Bergua: No me acerco a ti cuando te toco

No me acerco a ti cuando te toco,
sino a la nostalgia largamente paladeada
que cubre los muros limpios de las tardes
y contempla en el humo recuerdos vacíos.
La experiencia del abrazo precario,
una mano distraída que se suelta en un cruce,
entre la multitud.

Ahora trato de enlazarme a esa mano
que en mí viene y va
como ese autobús donde nos conocimos
y viaja normalmente sin nosotros.
Pero es solo una línea
que trata de pescar con un señuelo,
un pedazo de tiempo que soltamos
para que nos hiciera falta siempre.
Alicia García Bergua
México
 Ciudad de México, 1954

29 noviembre 2018

Gabriela Cantú: Existen personas que parecen

Existen personas que parecen haber hecho pacto
con el diablo, personas que, aunque es de todos
conocido que ya entraron en la etapa del otoño,
siguen caminando como si fueran una flor
naciendo. Quizá esta actitud se deba a que han ido
más allá de donde se podía ir. Quizá son de esos
seres que como Butes, frente al mar, frente al canto
de la sirenas, no pudieron contenerse y se han
lanzado de cabeza a la vida, a lo más profundo de la vida
y han sobrevivido.
Gabriela Cantú
México
Monterrey, Nuevo León, 1972

11 octubre 2018

Ulalume González de León: Contar un cuento

Es el país de Irás y No Volverás
donde los relojes marcan el invierno en punto
y sólo en tu memoria habría primavera
si tuvieras tiempo de recordar
Pero sólo hay tiempo para buscar a la reina blanca

Aquí se congela el corazón y no puede romperse
Aquí se congelan las fuentes del llanto
Aquí se congelan las palabras que designan cosas de
                                                                       [colores
y sólo sobrevive la palabra de su nombre
Pero tú no sabes cómo se llama la reina blanca

Se sabe poco de la reina blanca:
que habita un silencio sin ventanas
que habita el castillo de Salsipuedes
que habita el lugar del frío

Se sabe poco de la reina:
que es completamente blanca
que ni pensando todas las rosas juntas
se podría armar un arrebol en sus mejillas
y que ni con todas las alas de todos los pájaros
se podría emigrar de su invierno en punto

Se sabe poco de ella
Pero no necesitas más para buscarla
Ni necesitas más para no encontrarla
Ulalume González de León
México
Montevideo, 20 de septiembre de 1932
Santiago de Querétaro, 17 de julio de 2009

06 octubre 2018

Thelma Nava: Esbozo para empezar un amor

Certero, como el que apunta al corazón de la uva
te aposentas en mí.
Preciso como el aire de junio,
la infatigable luz se adormece en la tarde
o el grito del flamenco despedazando inútiles ocasos.

Por ti salgo a encender la pira de los sueños
y a cosechar gardenias imposibles.
Las prendo a un pedazo de tronco fugitivo:
testimonio de ofrenda para el viento
—guerrero hecho de vidrio por el que se despeina
lánguidamente el árbol de un crepúsculo enfermo.

Porque llegas aquí,
porque estás en el bosque  del prodigio al comienzo
de una ternura más redonda que un disco de diamante
y más pura que el canto de un canario que tiembla
y se deshace al pie de una ventana de alcanfores.

Por eso, amigo mío, voy a pulir mis manos en tu rostro.

Porque estás aquí en ti yo creo.
Creo en la llamarada de la tierra
y en el fulgor de un lago que te escucha,
que se hace cada vez más transparente.
Quiero saberlo todo: lo que se esconde detrás de la violencia
de tus ojos, lo que hay bajo la cuerda tensa de tu piel.
Para decir el nombre de las cosas, la palabra precisa,
la que en ti permanezca, la que te diga buenos días
y te descubra el vuelo de la dicha, la orilla de los besos
circundados apenas por una lágrima cuidadosamente amaestrada:
voy  a iniciar la huida del silencio.

Antes que acabe el alba de seducirme con sus hojas de oro,
antes que el viejo árbol empiece a corretear a los conejos
detendré la mirada en la resurrección de una esperanza
que se tienda a tu lado como un largo animal adormecido.
 Thelma Nava
México
Ciudad de México, 25 de noviembre de 1931

18 septiembre 2018

Margarita Michelena: Elegía

Imaginad un árbol con las ramas por dentro,
ahogado por su propia e imposible corona
y que cautivo lleva ‒aniquilándole‒
el fruto no vertido de su sombra.

    Esto soy yo. La soledad sin brazos.
Un mar que, despertando, ya es arena,
muriendo solo bajo el mismo grito
que imaginó poner entre sus ondas.

    Yo venía
de ser raíz para subir a sueño,
de ser oscuridad a dividirme
en el sereno reino de mis hojas.
Subiendo estaba y encontré esta muerte
de no ser sino el árbol que encerrada
lleva su irrealizable primavera,
su fuerza inútil de imposibles ramas
que no verán jamás a las estrellas.

    Esto soy nada más. Raíz desnuda.
Un viaje que pensó que se movía
hacia el diáfano fuego de la rosa
y se quedó en su origen de ceniza,
más que nunca en la planta desde donde
creyó subir por la escalera angélica.

    Y estoy sintiendo lo que siente un sueño
cuando va a florecer y es despeñado
desde los mismos ojos que lo sueñan.

    Soy la que nada poseyó. La oscura
desesperada soledad terrible,
quien jamás conoció sus propios brazos
ni los colmó de llanto y de dulzura.

    No se crea en la voz que se me escucha,
que no es ésta mi voz. Y este poema
no es siquiera una rama… No es siquiera
una sospecha de mi oculta sombra.

    Tan sólo quedó aquí del mismo modo
que en la orilla del mar a veces queda
‒testimonio de muerte y abandono‒
el lúcido esqueleto de una perla.
Margarita Michelena
México
Pachuca de Soto, 21 de julio de 1917
Ciudad de México, 27 de marzo de 1998

10 septiembre 2018

Leticia Herrera: De amorosos desiertos

de amorosos desiertos estoy hecha
no me sobran amores ni zozobras
tengo lo justo       lo que amerito
si voy a la asamblea de los puros
           me rechazan
y si a la de los desarraigados
           me sacan en vilo

soy torpe
pero no lo hago adrede
de silvestres puntadas me cosieron
a la cola del cometa que aguarda en el suelo
ser alzado

veo y me deslumbra la vida
me palpitan las sienes porque el corazón
corrompe toda ausencia

qué tiene si no voy en pares
el individuo único es un talismán
la perla negra de la historia
Leticia Herrera
México
Monterrey, 8 de junio, 1960

03 septiembre 2018

Roberto Arizmendi: Que no te abandone tu sonrisa

Yo te digo a veces
que te pongas vestidos amarillos,
pantalones oscuros,
zapatos de tacón, medias de seda,
o que dejes crecer el pelo
a la cintura,
que te lo cortes luego,
que te peines de chongo
o que te dejes el pelo con tu fleco.
Luego te digo que cambies
de perfume,
o que me gustan el olor frugal
de tus aromas,
tus senos y tu piel;
que tus manos son lindas
cuando inventas la luz
en medio de la noche
o en la penumbra
de la madrugada.
Pero así
con artificios o sin ellos
desnuda
o con olanes al viento
te quiero en todas formas,
pero que no te abandone
nunca
tu sonrisa
con la que adornas
el tiempo y los insomnios.
Roberto Arizmendi
México
Aguascalientes, 1945

17 agosto 2018

Carmen Boullosa: Filo de luz

Filo de luz,
fruta abierta que a la noche
vuelves fuego
y que a la llama cambias en fresco sentido:
llego a buscar tu aliento:
más sedienta:
pozo de amor que me asombras,
cántaro de día.
Carmen Boullosa
México
Ciudad de México, 4 de septiembre de 1954

10 agosto 2018

Leticia Herrera: Desfiguros

si me da el sol de frente me descascaro
como árbol viejo
pero me falta el consuelo de dar sombra
si río creen que me burlo
y cuando lloro piensan que finjo desgracias personales
porque nada me afecta  ya que nada siento

si consigo llegar a alguna parte merced
a mis arrestos dicen que todo me lo dieron
si como o si bebo
                   que no conozco contención
y si acaso me contengo
                   que escondo mis pecados que soy
mosquita muerta

si expreso compasión o afecto se espantan
y se alejan
y si indiferente paso de largo
murmuran que la arrogancia me define

si levanto el mentón para mirar el mundo
con mis ojos miopes
dicen que siempre altanera
y si bajo el mentón
que tramo
a dónde arrojar el siguiente sarcasmo

si digo que no
                   que nada me complace
si digo que sí
que siempre fui perversa
promiscua sin redención

cuando le levantaba la falda a la muerte
salieron corriendo como si morir se contagiara
como si en las venas cortadas yo dijera
pagas mi funeral?

y los errores que cometí
como todos
me buscan y me encuentran
aunque mi cabeza es blanca
de tanta inútil claudicación

debería haber manuales que explicaran
que los seres amorfos y dimorfos
tienen extrañas expresiones pero todo
posee un sentido de reparación de daños

voy a iniciar algún vocabulario
para explicar el miedo y las arañas
y luego me voy a abandonar
a las pulsiones que nunca debí dejar
en el banquillo de los acusados 
Leticia Herrera
México
Monterrey,  8 de junio de 1960

21 julio 2018

Marianne Toussaint: Mapas de humedad


 En la penumbra lunar de la ventana
sobre las paredes blancas de cal,
dibujo.

Los ángeles olvidaron aquí su sombra,
su íntimo demonio.
¿Qué imanes los ubican?
Viajeros en su mapa de humedad.

 Rabat está siempre iluminado de jazmines
pero es el sueño más oscuro,
un vuelo equivocado
alas sobre los ojos. 

Marianne Toussaint
México
Torreón, Cohauila, 1958 

12 julio 2018

Mónica Nepote: Malaparte

Esa ciudad que visitas cada noche
aquella de los muros blancos
en la que descubres -cada noche- el fósil.
Esa ciudad es tu ojo y tu oído
la de calles intactas, puertas ligeras
esa donde nadie habita
de telares mudos y pájaros calcáreos.
Esa ciudad es mi tributo
una pequeña estampa, un reino de agua
para que tu voz descanse.
Mónica Nepote
México
Guadalajara, Jalisco, 1970 

08 junio 2018

Leticia Herrera: Consuelo

pero los amargosos somos en realidad
la sal del mundo
propiciamos el enunciado magro o profuso
de nuestras rarezas y temores
alimentamos las risas de los otros
que así se colocan a salvo del desastre

y cuando al fin morimos
dicen que qué bueno que dejamos
libre el espacio para algún niño índigo
que viene a salvar al mundo.
Leticia Herrera
México
Monterrey,  8 de junio de 1960

21 marzo 2018

Hugo Gutiérrez Vega, Abuela

La abuela abría las puertas de la mañana;
entraba el sol por el balcón cerrado
y un rayo se pegaba a sus gafas solares.
El día andaba ya por los corredores
abrillantando las plumas del pájaro ciego,
jugando un rato con los peces anhelantes
en un marecito engañoso,
y con el caracol de filos negros
en su playa de cristal.
La claridad giraba por los cuartos vacíos
y se escondía entre las cortinas.
De las gafas de la Abuela brotaba el día
y bajo mi cama se enroscaban los vientos.
Cerraba los ojos y regresaba al sueño.
Las sábanas me daban una noche que sólo existía ahí
y que se prolongaba por unas horas,
mientras la mañana maduraba
y se caía a pedazos en las calles de color naranja
y en el cielo azul y tonto de los trabajos para vivir. 
Hugo Gutiérrez Vega
México
Guadalajara, febrero de 1934
Ciudad de México, 25 de septiembre de 2015

26 enero 2018

Rosario Castellanos, Amor

Sólo la voz, la piel, la superficie
Pulida de las cosas.

Basta. No quiere más la oreja, que su cuenco
Rebalsaría y la mano ya no alcanza
A tocar más allá.

Distraída, resbala, acariciando
Y lentamente sabe del contorno.
Se retira saciada
Sin advertir el ulular inútil
De la cautividad de las entrañas
Ni el ímpetu del cuajo de la sangre
Que embiste la compuerta del borbotón, ni el nudo
Ya para siempre ciego del sollozo.

El que se va se lleva su memoria,
Su modo de ser río, de ser aire,
De ser adiós y nunca.

Hasta que un día otro lo para, lo detiene
Y lo reduce a voz, a piel, a superficie
Ofrecida, entregada, mientras dentro de sí
La oculta soledad aguarda y tiembla.
Rosario Castellanos
México
Ciudad de México, 25 de mayo de 1925
Tel Aviv, Israel, 7 de agosto de 1974

14 enero 2018

Mónica Nepote, Sirena

Envuelta en la luz se vuelve roja. Llegó con un mar inhóspito, cantando que la suerte la anida cada hueso. Trae un calamar en El tobillo y camina dejando de rastro las estrellas.

Un beso se le escapa, llega ante la boca de un parroquiano. Ella ríe, sacude las mariposas de su cuerpo. Un par de ojos choca ante el cristal que guarda el aire, que asfixia al fuego antes de arder bajo la bóveda.

Esa piel castaña asombra ante el espejo de su canto. El marinero la dejó suelta entre caracoles de mentira. Ella se perfumó la oreja con la sal de su saliva.

Esta medusa ha ensortijado las historias. Echó redes a las venas, anudó los pendientes del dueño de este antro; volvió a la luna página de su bitácora, cómplice del color abundante de su boca.

Observa entre las velas. Elige. Apunta hacia el poniente. La brújula que recorrió su pecho la hizo madre de los hombres. La llamó hija de su llanto.
Mónica Nepote
México
Guadalajara, Jalisco, 1970

28 diciembre 2017

Rosario Castellanos, Falsa elegía

Compartimos sólo un desastre lento
Me veo morir en ti, en otro, en todo
Y todavía bostezo o me distraigo
Como ante el espectáculo aburrido.

Se destejen los días,
Las noches se consumen antes de darnos cuenta;

Así nos acabamos.

Nada es. Nada está.
Entre el alzarse y el caer del párpado.

Pero si alguno va a nacer (su anuncio,
La posibilidad de su inminencia
Y su peso de sílaba en el aire),
Trastorna lo existente,
Puede más que lo real
Y desaloja el cuerpo de los vivos.
Rosario Castellanos
México
Ciudad de México, 25 de mayo de 1925
Tel Aviv, Israel, 7 de agosto de 1974

07 diciembre 2017

A Rosa, Antonio Plaza (Fragmento)

A tu lado la dicha me sofoca,
y mi ser se estremece de contento
cuando mi nombre de tu linda boca
embalsamado sale con tu aliento.

Y yo Rosa, te encuentro tan divina,
que un ángel envidiara tus hechizos,
tan pura como el aura vespertina,
jugando de las olas con los rizos.

Eres tú la ilusión de mis amores
y la diosa de mi alma enamorada,
isla preciosa de benditas flores
en un mar de pureza colocada.

Ensueño sacrosanto de ternura,
mi grande aspiración es poseerte;
si se agita la flor de mi ventura
el desengaño me dará la muerte.
Antonio Plaza
México
Guanajuto, 2 de junio de 1833
Ciudad de México, 26 de agosto de 1882