Mostrando entradas con la etiqueta Canadá. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Canadá. Mostrar todas las entradas

15 abril 2019

Margaret Atwood: Salida de la maleza

Yo que había sido borrada por el fuego
me fui cubriendo
de verde
(qué
estación más luminosa)

Con el tiempo los animales
vinieron a habitarme,

primero uno
a uno, furtivos
(sus conocidas huellas
quemaban); y después
al haber ya trazado nuevos límites
volviendo, más
seguros, año
tras año, de dos
en dos

pero inquietos: no estaba preparada
del todo para que me habitaran

Les pudo parecer que
pesaba demasiado: pude haberme
volcado;
Me daba miedo cómo
el brillo de sus ojos (verdes o ámbar)
llegaba al exterior desde dentro de mí

No estaba terminada; de noche
no veía sin candiles.

Él escribió, Nos vamos. Contesté
No me queda ya
ropa que ponerme

Llegó la nieve. Fue de gran ayuda
el trineo; quedaba atrás su rastro
como si me empujara a la ciudad

y una vez rodeada la primera colina, me encontré
de repente
deshabitada: ya se habían ido.
Hubo algo que casi me enseñaron
y que al irme no había aún aprendido.
Margaret Atwood
Canadá
Ottawa, 18 de noviembre de 1939

24 enero 2018

Stephen Dunn: Nuestros padres

                        
 Para mi hermano

Nuestros padres murieron al menos dos veces,
la segunda cuando olvidamos sus anécdotas,
o no pudimos figurarnos cuántas veces ansiaron el amor,
o se sintieron inútiles, o anhelaron algo de justicia
en este mundo. En la tumba, su necesidad
por nosotros es pura, están perdidos sin nosotros.
La luna de miel que pasaron en La Habana subsiste o no
subsiste. Aquellos últimos días de agosto en las Catskills...

Podemos tomar la decisión de hacerlos felices.
¿Qué es el pasado sino un trabajo inconcluso,
pantanoso, fecundo, seductoramente revisable?

Uno de nosotros ha dedicado su vida a desarrollar un respeto
por la debilidad de las palabras, el otro por aquello
a lo que hay que aferrarse; quizá tengamos una oportunidad.

Tratamos de contar qué sucedió en aquella primera casa
en la que fuimos, como casi todos los niños, los únicos
necesitados sobre la Tierra. Recordamos
qué se nos prohibía, a quién le daban el trozo más grande.

Nuestros padres, mientras, debían de desear algo
a cambio de nuestra parte. Sabemos lo que es, ¿no es cierto?
Ya llevamos vivos el tiempo suficiente.
 Stephen Dun
Canadá
San Juan de Terranova, 18 de enero de 1989 

24 febrero 2012

Margaret Atwood: A media noche

A medianoche me despierta la lluvia, un aguacero,
el viento azota las hojas, orejas
enormes, plumas enormes,
como un animal perseguido, un perro
gigantesco o un cerdo salvaje. Truenos y ventanas
que se estremecen; del tejado metálico
cae una tromba de agua.

Estoy tumbada bajo el mosquitero,
enredada en una tela húmeda, el pelo lleno de sal.
Cuando escampe habrá luciérnagas
y estrellas, más brillantes que en cualquier lugar;
podría contemplarlas en momentos
de pánico. Están a años luz, si lo piensas.

A la porra la poesía, es a ti a quien deseo:
tu sabor, la lluvia
en tu cuerpo, mi boca en tu piel. 
Margaret Atwood
Canadá
Ottawa, 18 de noviembre de 1939