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31 marzo 2019

Gabriel Jiménez Emán: A la luna


En el trayecto nocturno de regreso
miré al cielo y vi la luna. ¡Qué luna!
Largo rato estuve viendo su cara plateada,
sus ojos esfumados, su nariz y su boca
que siempre suspira desde allá, tan lejos,
y sonríe, para que seamos felices.
Qué sería de la noche y de nosotros
sin su luz: unos seres solos, amargos,
sin ese disco que nos acompaña, nos entibia la piel
antes y después de nacer y morir.
No concibo nada sin su presencia,
nada de lo que hacemos puede alcanzarla
ninguna palabra tocarla,
nada de versos, señores poetas de la noche,
nada de este ejercicio cojitranco del verbo,
ella está arriba suspendida, flotando, planeando
sola y muda para nosotros: sólo hay que verla
como uña, hoz, pelota, bola dulce con sus livianos cráteres,
sus valles llenos de nervios secos
y su aire sin peso que nos deja instalados
en el viejo silencio de los tiempos. 

Gabriel Jiménez Emám
Venezuela
Caracas, 21 de junio de 1950

24 diciembre 2018

Gabriel Jiménez Emám: Canción de Navidad

Tengo desde hace varios días
una canción de Navidad
metida en la cabeza
como una cascada.
Es algo raro
que me circula adentro
en los oídos y las sienes
me habla de la alegría de compartir
o de la pena de marcharse.
Hago viajes cortos entre el pueblo y la ciudad
o entre la ciudad y la noche
y mientras voy en la carretera
la melodía sigue ahí
Merry Christmas Merry Christmas
con coros y trompetas
voces dulces atraviesan mi alma
y la cuartean para cicatrizarla
absorben la sangre del espíritu
a una especie de cielo
al agujero pleno de diciembre
que se aleja y acerca como un fantasma
al final y al comienzo de esa cosa trémula
que se llaman los años.
Gabriel Jiménez Emám
Venezuela
Caracas, 21 de junio de 1950

11 julio 2018

Gabriel Jiménez Emán: Bolero


Aquel amor le salía de las cejas
como un susurro bañaba sus pestañas
y se derramaba en mi rostro
entonces yo lo absorbía con una cucharilla
para dar de comer a mi dolor

me le iba por el centro, por los lados
le tasajeaba un pedazo de tiempo
de dulzura para mi pecho un poco amargo
y de todas maneras él seguía bajando

hasta las piernas y los pies y luego
por las costillas me subía un calorcito
tan agradable, como de mariposas crepitando
como ayeres, como cálidas cascadas

de ternura me iban desayunando
el pecho, y hasta me sonrojé al comprobar
que mi rostro había cambiado de color
estaba azul en una parte y en la otra amarillo

brillaba como una sombra iluminada
como un agua sideral y cotidiana
como una melodía que de tan triste
se parecía a la alegría, a la dicha

de vivir con esos ojos que se abrían y cerraban
para mí nada más, o al menos así lo parecía
cuando yo le besaba el centro
del pasado, hasta el presente conjugado

en el tiempo sin nombre más allá
de toda circunstancia, de las fechas
que se ofrecen y parecen cada vez más
al temblor, a la infinita sed de los amantes
Gabriel Jiménez Emám
Venezuela
Caracas, 21 de junio de 1950