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08 abril 2019

Joaquín Pasos: Canción de cama

Este gozo de alcoba, tan de lino, lleno de sábanas,
este palpitar de almohadas bajo las sienes dormidas,
este nuevo llegar hasta el corazón de la cama
y luego saber que el pie, la mano, lo que a uno le queda de
pecho, busca, dice, escribe, grita tu nombre,
y cualquiera siente el momento que se aproxima de morir
acostado.
¿Qué es esto sino la ausencia de tu sueño,
la pérdida de tu respiración a mi lado?
Se ha perdido ya el hueco de tu cuerpo
que era la voz de tu carne desnuda hablándole
íntimamente a la ropa planchada,
diciéndole a qué horas el brazo serviría de almohada
y cómo el tibio vientre palpitaría como otra almohada viva,
funda de seda de nervios y de sangre.
Joaquín Pasos
Nicaragua
Granada, 14 de mayo de 1914
Managua, 20 de enero de 1947

05 abril 2019

Rubén Darío: Caracol

En la playa he encontrado un caracol de oro
macizo y recamado de las perlas más finas;
Europa le ha tocado con sus manos divinas
cuando cruzó las ondas sobre el celeste toro.

He llevado a mis labios el caracol sonoro
y he suscitado el eco de las dianas marinas,
le acerqué a mis oídos y las azules minas
me han contado en voz baja su secreto tesoro.

Así la sal me llega de los vientos amargos
que en sus hinchadas velas sintió la nave Argos
cuando amaron los astros el sueño de Jasón;

y oigo un rumor de olas y un incógnito acento
y un profundo oleaje y un misterioso viento…
(el caracol la forma tiene de un corazón).
 Rubén Dario
Nicaragua
Ciudad Darío, 18 de enero de 1867/
León, 6 de febrero de 1916

01 marzo 2019

Ana Ilce: Aria

No soy ángel
que preside la vida
ni sabia
ni agorera.
Únicamente
soy una mujer
cálida
intensa
que en su más apartada
intimidad
cree tener voz
y canta
Ana Ilce
Nicaragua
Masaya, 28 de octubre de 1945
1 de noviembre de 2016

23 diciembre 2018

Ana Ilce: Ella

La que escribe no soy yo, sino la otra.
Esa que viene del pasado
asediada y urdida
por sus fieles demonios
y sus lívidos ángeles.
No soy yo sino ella la que canta
la que elige al azar y la clarividencia
ella la que dicta las palabras y deshila
los símbolos
la que gira en la rueca y desmenuza el hilo
Ella contiene las palabras
yo cumplo su destino.
Ana Ilce
Nicaragua
Masaya 28 de octubre de 1945
1 denoviembre de 2016

08 noviembre 2018

Ernesto Cardenal: Epitafio para Joaquín Pasos

Aquí pasaba a pie
por estas calles,
sin empleo ni puesto

Y sin un peso

Sólo poetas, putas
Pero

recordadle cuando
tengais puentes de concreto,

Grandes turbinas,
tractores, plateados graneros,

buenos gobiernos.

La guardia nacional
anda buscando
a un hombre

un hombre espera
esta noche llegar
a la frontera

el nombre
de ese hombre
no se sabe

hay muchos
hombres más
enterrados en
una zanja

El número y
el nombre de esos
hombres no se sabe.

Ni se sabe el lugar
ni el número de zanjas.

La guardia nacional
anda buscando a un hombre

Un hombre espera
esta noche salir
de Nicaragua
 Ernesto Cardenal
Nicaragua
Granada, 20 de enero de 1925

07 noviembre 2018

Marianela Corriols: Un día

Un día me detendré
asombrada de haber andado tanto.
Me asustarán los cabellos domados
y la sonrisa pálida.
Desconfiaré de mis gestos ordenados
y de mi ropa predecible, exacta.
Tal vez entonces
mi vientre haya florecido.
Tal vez entonces
sea la sombra del domador de costillas
aquel que apuró la penúltima gota de mi rebeldía
y olvidó
que en mis ojos cabía el mundo.
Marianela Corriols
Nicaragua
Estelí, 12 de septiembre de 1965

18 octubre 2018

Joaquín Pasos: Despedida

Es preciso que levantes el brazo derecho
porque quiero llevar de ti un recuerdo de árbol.
Quiero saber que dejo sembrada en el horizonte
tu mano.

Tu mano que al viento crezca recordada,
tu mano que lo diga todo. Nada.

Es preciso que levantes el brazo derecho
para ver de lejos temblar tu corazón entre tus dedos.
Tu corazón, fruto que dio, sembrada en mis recuerdos
tu mano.

Tu mano que al viento diga de ese modo
nada. Todo.
Joaquín Pasos
Nicaragua
Granada, 14 de mayo de 1914
Managua, 20 de enero de 1947

16 septiembre 2018

Marianela Corriols: Geometría de la mujer

Soy mujer
Redonda como el universo
Pirámide que desconoce sus secretos
Triangular en algunas partes
con hipotenusas perfectas y calculables
por cualquiera de mis lados.

Soy mujer
Cuadrada y terca cuando de vos se trata
Pentagonal cuando planeo
la más secreta de mis armas

Soy mujer
Lineal
la distancia más corta
entre tu todo y tu nada

Soy mujer
punto
talvez de tus referencias
Marianela Corriols
Nicaragua
Estelí, 12 de septiembre de 1965

10 julio 2018

Gloria Gabuardi: Mujer


Soy mujer, luna y nube.
Pelo al viento y ojos a la vida.
Soy mujer, simplemente mujer.
Cotidiana de gloria o de agonía,
Acuario con el movimiento de los astros,
Feudal en el amor y planetaria.
Soy Selene, Venus, Nube con pantalones;
En eterna búsqueda del cielo o del infierno,
De infame y celoso corazón,
Carne sagrada de mi carne,
Mujer desde las yemas de mis dedos
Hasta la última gotita de mi sangre.
Gloria Gabuardi
Nicaragua
Managua, 1945

02 marzo 2018

Milagros Terán, La noche roja

Una vez más con los miedos a cuestas
la sombra de mi sombra me envuelve
en esta noche roja en que no duermo.
Los acontecimientos reflejan los colores
de este día que muere.
El mar gris balancea la silenciosa góndola
donde la mente verde no cesa de pensar.
el túnel amarillo a la locura
aguarda al pie de la montaña
de tu pecho,
allí donde no pienso,
allí donde no existe luz ni tiempo
solo la eterna rebeldía dominada
entre tus brazos fuertes de animal pensante
que mueven el compás de mi torso
elástico y perfecto hasta estallar.

 esta noche en que no puedo dormir
observo tu rostro plácido,
envidio tu paz.
guardo tu sabia cabeza en la memoria
en este instante de miedos eternos.
Milagros Terán
Nicaragua
10 de agosto, 1963

18 noviembre 2017

Blanca Castellón, Resolución

Arrugué la mañana 
y decidí tirarla   
al cesto del olvido,
después de todo   
no era más         
que el borrador   
de otras mañanas   
mucho más limpias. 
Blanca Castellón
Nicaragua
Managua, 1958

25 septiembre 2017

El eterno canto de las sirenas, Michele Najlis

¿Qué decía, Ulises, el canto de las sirenas que tu pobre astucia
no se atrevió a escuchar?
¿Qué fue de la armoniosa perfección
que tus naves esquivaron?
¿De qué sirvieron tus viajes, para qué las arenas de Troya,
la victoria a traición,
la embriaguez de Polifemo?
¿Para qué la gloria de los siglos, insensato,
si, hombre al fin, tuviste el milagro al alcance
de tu mano
–más importante que la gloria
más efímero que la fama, y por eso
sólo por eso, eterno–
y te negaste, cobarde, a descifrarlo?

Pero las sirenas, Ulises, son eternas.
Otros son los que escuchan ahora nuestros cantos.
Michele Najlis
Nicaragua
Granada, 1 de noviembre de 1946

09 septiembre 2017

Aleyda, Misael Duarte

Tu nombre
es un cometa
que arrastra el significado de ti,
vos, la cercana,
que vives
bajo leyes físicas
que tienes medidas, volumen
y fechas…
Pero en otros instantes,
levitas a lo eterno,
y tu nombre,
signo gráfico y sonoro,
se vuelve sólo una mancha
en la superficie de un documento legal,
un sustantivo más
en el universo
que no evoca nada
o a nadie.
Y es precisamente
en esos instantes,
únicos y sublimes,
que se presente aquella
quien no tiene Aleyda por nombre
y que vive indiferente al rotar implacable
de las manecillas,
ajena al maquillaje y al perfume…
Y es aquélla,
fragmento de mí,
a quien debo amar.
Misael Duarte
Nicaragua
Juigalpa, 1977

28 agosto 2017

Rubén Dario: De inviernos

En invernales horas, mirad a Carolina.
Medio apelotonada, descansa en el sillón,
envuelta con su abrigo de marta cibelina
y no lejos del fuego que brilla en el salón .
             
El fino angora blanco junto a ella se reclina,
rozando con su pico la falda de Alençón,
no lejos de las jarras de porcelana china
que medio oculta un biombo de seda del Japón.
             
Con sus sutiles filtros la invade un dulce sueño;
entro, sin hacer ruido; dejo mi abrigo gris;
voy a besar su rostro rosado y halagüeño
             
como una rosa roja que fuera flor de lis;
abre los ojos; mírame con su mirar risueño
y en tanto cae la nieve del cielo de París.
Rubén Dario
Nicaragua
Ciudad Darío, 18 de enero de 1867/
León, 6 de febrero de 1916

26 julio 2017

Te escribo, Sergio, Gioconda Belli

Te escribo, Sergio
Desde la soledad
Del mediodía asolado y desnudo
Mientras azota el viento
Y estoy, gatunamente,
Enrollada en la cama
Donde anoche te quise y me quisiste
Entre tiempos, sonrisas y misterios.

Va quedando lejano
El mundo que existía antes de conocerte
Y va naciendo un nido de palabras y besos,
Un nido tembloroso de miedo y esperanza
Donde a veces me siento retozando entre trinos,
Y otras veces me asusto,
Abro los ojos y me quedo quieta,
Pensando en este panal de miel
Que estamos explorando,
Como un hermoso, hipnotizante laberinto,
Donde no hay piedritas blancas,
Ni mágicos hilos
Que nos enseñen el camino de regreso.
Gioconda Belli
Nicaragua
Managua, 9 de diciembre de 1948

11 julio 2017

Ernesto Cardenal: Cuídate, Claudia

Te doy, Claudia, estos versos, porque tú eres su dueña.
Los he escrito sencillos para que tú los entiendas.
Son para ti solamente, pero si a ti no te interesan,
Un día se divulgarán tal vez por toda Hispanoamérica
Y si al amor que los dictó, tú también lo desprecias,
Otras soñarán con este amor que no fue para ellas.
Y tal vez verás, Claudia, que estos poemas,
[Escritos para conquistarte a ti] despiertan
En otras parejas enamoradas que los lean
Los besos que en ti no despertó el poeta.

Cuídate, Claudia, cuando estés conmigo,
Porque el gesto más leve, cualquier palabra, un suspiro
De Claudia, el menor descuido,
Tal vez un día lo examinen eruditos,
Y este baile de Claudia se recuerde por siglos.
Claudia, ya te lo aviso.

De estos cines, Claudia, de estas fiestas,
De estas carreras de caballos,
No quedará nada para la posteridad
Sino los versos de Ernesto Cardenal para Claudia
(Si acaso)
Y el nombre de Claudia que yo puse en esos versos
Y los de mis rivales, si es que yo decido rescatarlos
Del olvido, y los incluyo también en mis versos
Para ridiculizarlos.

Esta será mi venganza:
Que un día llegue a tus manos el libro de un poeta famoso
Y leas estas líneas que el autor escribió para ti
Y tú no lo sepas.

Me contaron que estabas enamorada de otro
Y entonces me fui a mi cuarto
Y escribí ese artículo contra el Gobierno
Por el que estoy preso.

Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido:
Yo, porque tú eras lo que yo más amaba
Y tú porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:
Porque yo podré amar a otras como te amaba a ti,
Pero a ti no te amarán como te amaba yo.

Muchachas que algún día leáis emocionadas estos versos
y soñéis con un poeta:
sabed que yo los hice para una como vosotras
y que fue en vano.
 Ernesto Cardenal
Nicaragua
Granada (Nicaragua) 20 de enero de 1925/

10 julio 2017

Rubén Dario: A Margarita Debayle

Margarita está linda la mar,
y el viento,
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar
un cuento:

Esto era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha de día
y un rebaño de elefantes,
un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita, como tú.

Una tarde, la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
más lo malo es que ella iba
sin permiso de papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho?
te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho
que encendido se te ve?».

La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad».

Y el rey clama: «¿No te he dicho
que el azul no hay que cortar?.
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!...
El Señor se va a enojar».

Y ella dice: «No hubo intento;
yo me fui no sé por qué.
Por las olas por el viento
fui a la estrella y la corté».

Y el papá dice enojado:
«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo y lo robado
vas ahora a devolver».

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: «En mis campiñas
esa rosa le ofrecí;
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí».

Viste el rey pompas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.
Rubén Dario
Nicaragua
Ciudad Darío, 18 de enero de 1867/
León, 6 de febrero de 1916

03 febrero 2017

Rubén Dario: (a) Antonio Machado

Misterioso y silencioso
Iba una vez y otra vez,
Su mirada era tan profunda
que apenas se podía ver.
Cuando hablaba tenía un dejo
De timidez y de altivez.
Y la luz de sus pensamientos
Casi siempre se veía arder.
Era luminoso y profundo
Como era hombre de buena fe.
Fuera pastor de mil leones
Y de corderos a la vez.
Conduciría tempestades
O traería un panal de miel.
Las maravillas de la vida
Y del amor y del placer,
Cantaba en versos profundos
Cuyo secreto era de él.
Montado en un raro Pegaso,
Un día al imposible fue.
Ruego por Antonio a mis dioses,
Ellos le salven siempre. Amén.
Rubén Dario
Nicaragua
Ciudad Darío, 18 de enero de 1867/
León, 6 de febrero de 1916

06 octubre 2016

Ernesto Cardenal: Epigramas (Claudia)

Te doy, Claudia, estos versos, porque tú eres su dueña.
Los he escrito sencillos para que tú los entiendas.
Son para ti solamente, pero si a ti no te interesan,
un día se divulgarán tal vez por toda Hispanoamérica
Y si al amor que los dictó, tú también lo desprecias,
otras soñarán con este amor que no fue para ellas.
Y tal vez verás, Claudia, que estos poemas,
(escritos para conquistarte a ti) despiertan
en otras parejas enamoradas que los lean
los besos que en ti no despertó el poeta.
Ernesto Cardenal
Nicaragua
Granada, 20 de enero de 1925

27 septiembre 2016

Ana Ilce: El otro día está aquí

Nadie diría que hemos envejecido. Nadie sabe
cuánto tiempo ha pasado.
Él todavía tiene cabellos oscuros
en las sienes, aquellos cabellos largos café negro
que como cortinas le caían en la frente.
Es joven. No parece un hombre de 50 años,
ni yo una mujer de 45. Ayer
por la calle alguien me preguntó
por nuestros hijos. No los tenemos.
Sólo tuvimos un precioso jardín con la estatua
del Dalai-Lama en el centro
y una fuente en la que él y yo nos
asomábamos, con el agua clara formando pequeños
remolinos que giraban
hasta hacernos perder la cabeza. Por allí
pasaba el verano y el invierno. El polvo que
venía del norte diciendo cosas tristes
y luego los charcos que se secaban, recordándome
sus años y los míos.

Hoy quizá un trofeo de caza vale más para él
que un beso mío. Yo me he retirado de aquel
dulce paisaje de la vida. He olvidado la
suave cortina de sus cabellos cayéndole en la frente
y por el antiguo jardín miro pasar las densas
polvaredas –es el oro me digo–.
Y luego los charcos que se secan –es la edad–.

¡Ah! pero yo fui una chica de 20 años que
plácidamente soportaba el amor y el tiempo.
Ana Ilce
Nicaragua
Masaya, 28 de octubre de 1945
1 de noviembre de 2016