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29 marzo 2019

José A Muñoz Rojas: Esto es sólo deseo de ti, de tanta herida

Esto es sólo deseo de ti, de tanta herida
diaria de ti como he sufrido, como sigo
sufriendo con sólo decir Rosa.
¿Por qué me dueles tanto? Tus ocasiones
no sé si vivo o muerto me tienen,
porque quererte es morir y vivir,
como se sabe a un tiempo.
José A. Muñoz Rojas
España
Antequera, Málaga, 9 de octubre de 1909

Mollina, 28 de septiembre de 2009

30 marzo 2018

Kostís Palamás: Aroma de rosa


Este año me ha golpeado el feroz y crudo invierno
que me sorprendió sin llama y me encontró sin juventud,
y momento a momento esperaba desmayarme gravemente
por las calles nevadas.

Pero ayer, cuando me dio ánimos la sonrisa de marzo
y me puse a encontrar otra vez los viejos senderos,
al primer aroma de una rosa lejana
me lloraron los ojos. 
Kostís Palamás
Grecia
Patras, 13 de enero de 1859
Atenas, 27 de febrero de 1943

07 diciembre 2017

A Rosa, Antonio Plaza (Fragmento)

A tu lado la dicha me sofoca,
y mi ser se estremece de contento
cuando mi nombre de tu linda boca
embalsamado sale con tu aliento.

Y yo Rosa, te encuentro tan divina,
que un ángel envidiara tus hechizos,
tan pura como el aura vespertina,
jugando de las olas con los rizos.

Eres tú la ilusión de mis amores
y la diosa de mi alma enamorada,
isla preciosa de benditas flores
en un mar de pureza colocada.

Ensueño sacrosanto de ternura,
mi grande aspiración es poseerte;
si se agita la flor de mi ventura
el desengaño me dará la muerte.
Antonio Plaza
México
Guanajuto, 2 de junio de 1833
Ciudad de México, 26 de agosto de 1882


10 septiembre 2017

A Rosi, Emilio Ballesteros

Cuando el placer te hizo llorar lamí tus lágrimas.
Sabor a sal. El paladar trajo a mis ansias
remotos ritmos que en el mar las olas marcan
y aquel olor tan mineral de arena y algas.
No quise herir la soledad con las palabras
y me callé sintiendo arder en nuestras almas
hondos silencios que crecían como llamas.
Si te besé fue por tenerte en mis entrañas.
Si me dejé fue por perderme entre tus aguas.
Si te abracé fue por saber dónde acababas,
porque en el borde de mi sed se esfuminaba
cualquier contorno que mis ojos dibujaran.
Mi corazón, preso en tu amor, también lloraba.
Emilio Ballestero
España
Albolote, Granada, Noviembre de 1956