Como el mar, guardo tan bien en
mí un poco de tu nombre, amor mío.
Recordar
serán en adelante
tus ojos,
tu voz en el mundo,
y el océano sin fin
y bondadoso
de tus manos, cuyas olas
no levantan más sus aguas
a la altura de mi rostro,
áspero y callado
Como peñasco de la tierra.
Recordar
será en adelante
caminar contigo por las calles
y oír como llega uno de triste
Con la tarde en los gestos.
Recordar
será en adelante
guardarte en un siempre,
amplio y azul,
Como los mares más dulces
de las más viejas y sabias lejanías.
Venir una mañana, y no encontrar a nadie.
Irse una tarde, y no dejar ningún retorno.
Y no tener un día, digamos un verano,
como éste de agosto que te sufro,
para regresar, cuando los viajes
sean ya para uno nada más que leyenda.
Recordar
será en adelante
acostumbrarse de nuevo
al oficio de estar solo, y a seguir
envejeciendo un día más
todos los días,
sin descanso.
Será mirarte arder
a lo lejos, negra mía,
como si fueras la estrella
que nos quema con sus picos,
amargamente en dulce
este golpeado corazón
compañero.
Recordar
será siempre el último
color de ternura,
amor mío,
que me deje tu ausencia.
Otto René Castillo
Guatemala
Quetzaltenango, 25
de abril de 1936/
Zacapa, 23 de marzo
de 1967