Mostrando entradas con la etiqueta Nombres Masculino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nombres Masculino. Mostrar todas las entradas

29 septiembre 2018

Carlos Drummond de Andrade: José

¿Y ahora, José?
La fiesta se acabó,
la luz se apagó,
el pueblo desapareció,
la noche enfrió,
¿y ahora, José?
¿y ahora, usted?
¿Usted que es sin nombre,
que se burla de los otros,
Usted que hace versos,
que ama, protesta?
¿Y ahora, José?

Está sin mujer,
está sin discurso,
está sin cariño,
ya no puede beber,
ya no puede fumar,
escupir ya no puede.
la noche enfrió,
el día no vino,
No vino el tranvía,
la risa no vino,
no vino la utopía
y todo acabó
y todo huyó
y todo se dañó,
¿y ahora, José?

¿Y ahora, José?
su dulce palabra,
su instante de fiebre,
su gula y ayuno,
su biblioteca,
su labranza de oro,
su traje de cristal,
su incoherencia,
su odio – ¿y ahora?

Con la llave en la mano
quiere abrir la puerta,
no existe puerta;
quiere morir en el mar,
pero el mar se secó;
quiere ir a Minas,
Minas no hay más.
José, ¿y ahora?

Si usted gritara,
si usted gimiera,
si usted tocara
el vals vienés,
si usted durmiera,
si usted se cansara,
si usted muriera…
Pero usted no muere,
¡usted es duro, José!

Solo en la oscuridad
sin teogonía,
como un animal herido,
sin pared alguna
para recostarse,
sin caballo negro
que huya al galope,
¡usted marcha, José!
José, ¿hacia dónde?
Carlos Drummond de Andrade
Brasil
Itabira, Minas Gerais, 31 de octubre de 1902
Río de Janeiro, 17 de agosto de 1987

25 septiembre 2018

Eduardo Carranza: Hacia la soledad

Cuando venías hacia mí, el cuello
tendido levemente hacia otro instante,
la boca a punto de decir Eduardo.
Cuando venías radiante y la mañana
maduraba en tu mano como un fruto
de todo lo esperado, como un fruto
de ti misma.
Cuando venías, amor, en cada paso
y en cada paso beso y melodía
y certeza y presencia en cada paso.
Cuando venías, la rosa sobre el hombro,
como un latido de mi corazón,
la frente coronada de cabellos
oscuros.
Cuando venías, amor, abriendo el aire
en dos alas de jardín,
cuando venías explicando el alma
con tu sonrisa.
Cuando venías entre gacela y lirio,
cuando venías entre árboles y casas,
de una ciudad transfigurada, estática,
en este mundo.
Eduardo Carranza  
Colombia
 Villavicencio, 23 de julio de 1913
 Bogotá, 13 de febrero de 1985

28 abril 2018

Giovanni Quessep, Epitafio del poeta adolescente

Conoció a una muchacha
Bella como la palma del templo de Delos
Cambió su nombre por el de Ulises
Navegante y encantador
Y en las islas innumerables
Apenumbró su corazón la flor del olvido
Lo sorprendió la muerte
Cuando trataba de contar la Odisea.
Giovanni Quesset
Colombia

San Onofre, 31 de diciembre de 1939

07 abril 2018

Alberto Lauro: Carta a Saulo

Hermano:
Los labios con que has mentido
hoy son mis labios, olvidada la voz,
la zarza ardiente, el polvo
del camino de Damasco.
Es de madrugada.
Como un fantasma entra a mi cuarto
una anciana rezando el rosario
detenido en los misterios dolorosos.
Y todavía me bendice.
Afuera, en la noche del mundo,
de nuevo canta el gallo
tres veces por mí. 
Alberto Lauro
Cuba
Holguín, 1959

23 diciembre 2017

La muerte del ciudadano, Ledo Ivo

Levántate Juan y grita al mundo
la protesta escondida en tu pecho
o guardada en tu llanto.
Ahora que moriste, el mundo es menos grande.
Perdiste, finalmente, los cielos supradivinos
y la dulzura de un átomo.
Vales más tieso que vivo,
con tu metafísica evidente
en los pliegues de la mortaja.
Levántate, Juan y grita a los presentes
que esta vida no cede, que esta isla
no esconde un tesoro.
Lloraste inútilmente: amaste en vano.
Al viento, ofreciste tu rostro desnudo,
imagen de Juan.
Debajo del paisaje quedarás
hasta diluirse tu sumario total:
el polvo que fue Juan.
Ledo Ivo
Brasil
Maceió, Alagoas, 18 de febrero de 1924
Sevilla, España, 23 de diciembre de 2012

16 diciembre 2017

Odiseo, Rómulo Bustos

La guerra que descaminó mis días
también me ha entregado su rosa
Cada cual ha de ir en busca de su rosa
Una rosa violenta
Sé que hay una
para cada hombre en la guerra
Al final serás una sombra, un ánfora
vacía. Pero habrás oído cantar
a las sirenas. 
Rómulo Bustos
Colombia
Santa Catalina, 5 de septiembre de 1954

30 noviembre 2017

Prometeo, Miguel Iriarte

Prometeo
Yo no me voy, amor.
A qué dejar tu cuerpo
Flotando abandonado en su círculo de sueños,
 Desnudo,
Laguna sin bordes que corta
 toda retirada.
El reino de tu piel contra la noche
Perdiendo mis fuerzas de amante
 que se escapa
Me detiene.
Yo no me voy. Nada gano.
No puedo poner un pie fuera de ti
—mujer que me tomas al vuelo cada ansia—
Porque me escondes en tus piernas
 la camisa del viaje
y me dices ardiente:
“Vete de mí, pero me voy contigo”.
Y he aquí que estoy
 Anudado a tu fuego,
Inventándome fugas a tus alrededores,
Fiel (pese a mis alas)
al rojo de la hoguera.
Miguel Iriarte
Colombia

Sucre, 1957

18 noviembre 2017

A Miguel, Olvido García Valdés

Te habías quedado todo el día
allí, de pie, mirando las montañas,
y era, dijiste, alimento
para los ojos, corazón
quebrantado. Yo pasaba, parece,
en el atardecer,
andando en bicicleta por un sendero.
Lo cuentas y quedo contemplándolo
con esperanza, una buena esperanza
nodriza de la vejez. Yo lo llamo
dulzura, la música dulzura que conforta
o hidrata la aspereza. Algunos niños
cercanos al autismo, cuando crecen,
imprimen o padecen movimiento
constante, un ritmo de hombros
ajeno a cualquier música, latido,
circulatoria sangre propia, sin contacto.
Sólo a veces sus ojos buscan
engañosamente; no hay dulzura
ni aspereza, un sonido
interior los envuelve, sangre roja.
Contemplo las montañas de tu sueño,
busco en ellas tus ojos.
Y escruto, sin embargo, el corazón,
las junturas y médula, los sentimientos
y pensamientos del corazón. Nada hidrata.
Nada amortigua. Escrutar es áspero
y no lame. Las horas últimas
de la vigilia: sabia
la disciplina monacal que impone
levantarse a maitines. Enjugar,
sostener, confortar: mirar la noche.
Volver al corazón. Entonces ya la música
es azul, azul es la dulzura. Pedir.
Olvido García Valdés
España
Santianes, 2 de diciembre de 1950

03 noviembre 2017

El pequeño Juan, Luis Fernando Afanador

“¿Quién se robó mi niñez?”
S.P/C.C.
Te miro
y tiemblo
pequeño
ah, quién pudiera ser
un guardián entre el centeno
y agarrarte
antes que tu infancia
vaya hacia al abismo.
Luis Fernando Afanador

Colombia

02 noviembre 2017

Ausencia de Joaquín, Pablo Neruda

Desde ahora, como una partida verificada lejos,
en funerales estaciones de humo o solitarios malecones,
desde ahora lo veo precipitándose en su muerte,
y detrás de él siento cerrarse los días del tiempo.
Desde ahora, bruscamente, siento que parte,
precipitándose en las aguas, en ciertas aguas, en cierto
océano,
y luego, al golpe suyo, gotas se levantan, y un ruido,
un determinado, sordo ruido siento producirse,
un golpe de agua azotada por su peso,
y de alguna parte, de alguna parte siento que saltan y
salpican estas aguas,
sobre mí salpican estas aguas, y viven como ácidos.
Su costumbre de sueños y desmedidas noches,
su alma desobediente, su preparada palidez,
duermen con él por último, y él duerme,
porque al mar de los muertos su pasión desplómase,
violentamente hundiéndose, fríamente asociándose.
Pablo Neruda
(Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto)
Chile
Parral, 2 de julio de 1904/
Santiago de Chile, 23 de septiembre de 1973

31 octubre 2017

Noticia de un hombre, Concha Lagos

Dicen que era de barro,
con luz en la mirada.
Sembró la flor del trigo
y recogió cizaña.
Quizás estaba escrito
y el Destino marcaba,
con signos de tristeza,
un camino sin agua.
No le valió el amor
ni el fuego de la entraña.
Ni siquiera los versos,
su canto de esperanza.
Ahora, Miguel, ya tienes
tierra y pena enterrada. 
Concha Lagos
España
Córdoba, 23 de enero de 1907/
Madrid, 6 de septiembre de 2007

30 octubre 2017

Carlos Drummond de Andrade: No te mates

Carlos, calmate, el amor
es eso que estás viendo:
hoy besa, mañana no besa,
pasado mañana es domingo
y el lunes nadie sabe
qué va a pasar.

Inútil que te resistas
y lo mismo suicidarte.
No te mates, no te mates,
guardate todo para
el casamiento que nadie sabe
cuándo va a ser
si es que es.

El amor, Carlos telúrico,
pasó la noche en vos,
y las represiones, sublimándose,
hacían ahí adentro un barullo indecible,
rezos,
vitrolas,
santos persignándose,
anuncios del mejor jabón,
barullo que nadie sabe
de qué era, o para qué.
Carlos Drummond de Andrade
Brasil
Itabira, Minas Gerais, 31 de octubre de 1902
Río de Janeiro, 17 de agosto de 1987

23 octubre 2017

Acordes, Mery Yolanda Sánchez

Carlos tiene garzas, ellas levantan una pata y duermen.
No se sabe si es la izquierda o la derecha pero
una pata levantan las garzas de Carlos. Carlos
aprende a mentir, señala caminos y asegura que van
las hormigas. Hace mucho que el resplandor del
día le limitó todo pequeñito. Se le volvió mínimo
el rostro del río, de los árboles, de su propia voz.
Carlos sabe moverse en los tres pasos de ida y tres
de vuelta para encontrar las almas dormidas. En
su pequeña tierra, tres pasos son suficientes para
encontrar el bastón y volver al pozo donde rodó
su ojo izquierdo, el que le quitó la misericordia
de Dios.
Mery Yolanda Sánchez
Colombia

Tolima, 1956

17 octubre 2017

Reseña de Salvador, Miguel Iriarte

A Salvador Acosta, sordo.

Los papeles en desorden del recuerdo
Borrosamente discuten su figura
Por los alrededores más o menos de magia
De mi infancia.
(El era el paso firme y la alegría puestos en fuga
por los años)
Forjando el hierro en una fragua rústica
Hecha a mano
 Como cada arruga de su suerte
 Como cada grado de su curvada
espalda
Martillaba y reinventaba el fuego
 todo el día
Sin importarle el progreso de las sombras,
En un taller-cocina-cuarto-y-sala
Casi acostado sobre un arroyo seco
Que se cansó de extenderle invitaciones
Al desastre.

Y no oía. Nada oía.
Ni el murmullo de los sueños lejanos en el tiempo
Que a veces regresaban a posarse en sus sienes
Y que él espantaba a manotazos
Cuando estorbaban en su oficio de herrero.
Ni los pájaros muertos de sus nietos
Ni la conversación de la candela
Ni el quejido del yunque
Ni el tropel ensayado mil veces de su yerno Ismael
–el Cojo–
Y de los hijos del Cojo Ismael
(solo boca y pobreza adheridos al cobre del trombón)
Que tocaban todos en la banda.
Salvador se llamaba y era sordo.
Tal vez más poeta que habitante.
Encorvado profeta que dialogaba a diario
Con la alquimia de un mundo
Que iba y venía de las cenizas.
También mataba
 ganado a domicilio.
Y creo que otro hijo suyo tocaba
De año en año
el acordeón.
Miguel Iriarte
Colombia

Sincé, Sucre, 1957

05 octubre 2017

Rapsodia-soneto para Gregorio, León de Greiff

Camarada! Camarada en fantásticas, en ilógicas, en
/absurdas y múltiples lides,
siempre fiel a mi vera, con tu gesto de risa, de sarcasmo,
/de burlas y befas y mofa,
en el viejo navío –bergantín o goleta, urca, birreme o
/praho– caballero en la hóspite cofa,
cuántas veces, mil veces! relataras leyendas prolijas, en que
/fuimos, los dos, adalides!
Añoranzas de puertos exóticos! Fragantes hembras!
/Zambras! Embriagueces de trágicas vides!
Las humosas tabernas y sombríos tabucos! Por España y
/por Indias, algaradas con la ríspida gente gallofa:
y las noches eternas por los árticos hielos: y la azul,
/sollozante, romántica estrofa
estrujada de llantos, cuando noches lunosas –ante rejas
/morunas– ¡serenatas y duelos: amatorios ardides!

Ya cesó la Odisea. Hora somos añejos marinos. Viejos
/troncos y mútilos que a la orilla botó el oleaje...
De un naufragio despojos: abolidos despojos... Marineros
/anclados, en hirsuta, fatídica riba...
Es la vida pretexto, nada más, para historias y fábulas,
/para historias que todos, de falsas, rïendo, motejan...
Camarada! Camarada en fantásticas lides! Compañero de
/todo mi viaje: mi real e hipotético viaje
alredor de los Mundos, por abscónditos Mares! Los
/barcos –hogaño– sin nosotros alegres se alejan...
Camarada! Encendamos las pipas! El humo! Vagarosos
/recuerdos... –Por tu rostro curtido una lágrima
surca, furtiva.
León de Greiff
Colombia
Medellín 22 de julio de 1895
Bogotá, 11 de julio de 1976

01 octubre 2017

Federico Díaz Granados: Consejos para Sebastián

Contempla desde tus sueños el espectáculo del mundo
la tragedia y la comedia humana de estos días.
Echa tus cartas, no te persignes.
De las matemáticas aprende
que el amor nunca será una fórmula, ni un logaritmo.
Los rostros de la gente se repiten.
No aceptes consejos y censuras de tus amigos
y defiende a los locos, borrachos y delincuentes.
Duerme con la luz encendida,
repite la misma película,
 y ríete y haz preguntas en las mismas escenas.
Recibe monedas de chocolate a desconocidos.
Acepta los pronósticos del tiempo
y deja inscripciones en las puertas
y corazones partidos sobre troncos de árboles.
Lleva contigo la lección de Itaca
–no importa el destino sino lo que conoces en el viaje–.
Recuerda hijo mío, las sentencias del amanecer
el perderte entre viajes y batallas de tempestades
cuídate del canto de la tierra en las noches
seguro esconde un animal grande
o el fuego de una vieja guerra no concluida.
No dejes nunca tus juegos y tus azares.
Recibe la vida, feliz o en bancarrota,
pero recíbela entre músicas y palabras
 Federico Díaz Granados
Colombia
Bogotá, 1974

26 septiembre 2017

Orfeo, Hanni Ossott

Te he dado mis sedas
mi baile, mi danza, mis máscaras.
Te he dado mi cama, mis hornos, mis cocinas
la mesa puesta, adornada con flores y copas,

los cubiertos
Y el invitado venía y admiraba
casa y cuadros
alfombras y platos. La belleza.
Te he dado esta larga pasión
que ahora se teje como memoria difícil.
Te ha amado, bajo cielos y techos
en la calle más solitaria de París, de Grecia o de aquí
- desde el abandono.
Te he otorgado poros de poesía, surcos plenos de sudor
Almas, carne, pelo, cuello, manos.
Tú, hombre irascible... ¿Dónde estás?
¿Qué mar te socava en mí?
Eres duda y ángel. Promesa incumplida.

Me hiere tu canto, Orfeo.  Bacante soy de ti...
Llevo en mi espalda el rasgo de tus manos
la rajada
y en mis pulmones
 la respiración que quiero
la otra acallada respiración de muerte.

Carezco de mañana, mi hoy me rasga
¡Tu presencia, Orfeo...tu presencia!

Orfeo, ¿dónde estás? Socórreme.
Amado.
Hanni Ossott
Venezuela
Caracas, 14 de febrero de 1946
Caracas, 31 de diciembre de 2002

25 septiembre 2017

El eterno canto de las sirenas, Michele Najlis

¿Qué decía, Ulises, el canto de las sirenas que tu pobre astucia
no se atrevió a escuchar?
¿Qué fue de la armoniosa perfección
que tus naves esquivaron?
¿De qué sirvieron tus viajes, para qué las arenas de Troya,
la victoria a traición,
la embriaguez de Polifemo?
¿Para qué la gloria de los siglos, insensato,
si, hombre al fin, tuviste el milagro al alcance
de tu mano
–más importante que la gloria
más efímero que la fama, y por eso
sólo por eso, eterno–
y te negaste, cobarde, a descifrarlo?

Pero las sirenas, Ulises, son eternas.
Otros son los que escuchan ahora nuestros cantos.
Michele Najlis
Nicaragua
Granada, 1 de noviembre de 1946

20 septiembre 2017

Nombres, Martha L. Canfield

Me susurraba su nombre al tiempo que
me estrechaba amoroso entre sus brazos
- Jorge, soy Jorge -
y marcaba las sílabas
de ese nombre tan dulce para mí
como si hubiera querido cerrar
un círculo fantástico,
y también colocar
esa señal de fin que le faltaba
al largo recorrido
que empezó cuando era muy pequeña
y descubrí el efecto
de la palabra ajena
en el rostro sereno de mi padre.

Como si hubiera querido asumir
la identidad plural de los amores
en mí ya confundidos,
y también confirmar en la repetición
el signo privilegiado que el círculo
cierra pero abre al mismo tiempo,
lanza hacia adelante y regresando
enlaza la segura caricia familiar
con ésta, abierta a todo
el misterioso abismo del placer...

Tal vez quería decir
estoy contigo, amiga mía, mira
que detrás del deseo
existe una gran playa
donde el espacio es tiempo sin medida,
conversar se transforma
en canto fraterno y puro
y tu voz ha de hallar
no eco sino refugio en la mía.
- Soy Jorge, ¿lo recuerdas? -

Y la experiencia virgen
de una palabra de pronto no útil,
no transparente o justa,
sino impregnada sólo de poesía
se renovaba en el murmullo intenso,
último de la serie, primero del comienzo.

El tierno abrazo sofocante
que me aislaba del mundo
me descubría la senda milagrosa
donde lo ya perdido
puede volver a perfumar.

Y el alma de los tiempos me mecía
por encima del tiempo.

 Martha L. Canfield
Uruguay
Montevideo, 28 de mayo de 1949