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22 diciembre 2018

Alfredo Pérez Alencart: Mujer de la mañana

También te amo
cuando tu rostro me despierta a las siete y treinta
e inaugura el nuevo día con la ternura
de unos labios carentes de carmín.
Contemplarte refugiada entre las sábanas
resulta suficiente para trazar la caminata
que supera el desencanto y encara
el agrio jornal y la envidia de quienes escrutan
demasiado el insistente vuelo.
Me despierto y la oscuridad es algo menos.
Luego piso con ganas las sombras huidizas
y constato que existo sin puntos suspensivos:
Hay suficiente música de fondo en tu quietud
que – embriagado por el exceso – busco
abocetar en el fondo de mis ganas.

No abro la ventana aún.
La intimidad deja huellas de timidez, de torpezas
o de placeres imborrables. La mesura se impone
en estos minutos apacibles donde el amor de uno
se mastica en silencio, con los gestos que permiten
ir tejiendo – de locos presagios – la piel
o el vergel que te recubre.

Me fuiste enviada para evadir el naufragio cotidiano
y por ello te soplo un beso ingenuo
mientras salgo en busca del jornal.
Alfredo Pérez Alencart
Peruano-Español
Puerto Maldonado 1962

20 octubre 2018

Marcos Martos: Boca de Dios

Una caverna que todo lo traga,
esa es la boca de Dios.
Unos la llaman muerte
y otros nirvana,
por eso de la quietud.
El paraíso es un rayo de luz
sobre el mar en la infancia
y después todo es oscuridad.
Que no te engañe
la campana del éxito,
pues su badajo descansa
casi toda la vida
hasta que llegas en su silencio
a la boca de Dios.
Marco Martos
Perú
Piura, 29 de noviembre de 1942

03 agosto 2018

Alfredo Pérez Alencart: Creación

Ningún
susurro de mujer
acompañó
la deseante soledad
de mis días adolescentes.

 Ninguna costilla salía
de mi barro.

 Entonces cayó una hoja
de exquisita fragancia
y en mi pecho
se hizo carne amantísima,

 vibrante llama,
vena de transfusión para
siempre.

 Luego empezó
la fecundación del
unigénito.

 Te ensalivo,
mujer,
te amaso a mí.
Alfredo Pérez Alencart
Peruano-Español
Puerto Maldonado 1962

29 junio 2018

Ricardo Peña, Canción antigua

Hace tiempo que repito
este cantar:
el mar, la sombra, tú,
la soledad.

Hace tiempo que quiero irme,
—cielo o mar—
pero todo se vuelve garfio
y me sujeta. ¡Qué se hará!

Hace tiempo que digo: ¿Cómo,
no puedo andar?
Y camino, pero, entonces,
tú quedas atrás.

Y en este juego de encontrarte,
y en esta angustia de llegar,
otras son las naves que pasan;
y el mar; igual, igual, igual.
Ricardo Peña
Perú
Lima, 1896
Lima,29 de julio de 1939

09 mayo 2018

César Moro, El mundo ilustrado


Igual que tu ventana que no existe

Como una sombra de mano en un instrumento fantasma
Igual que las venas y el recorrido intenso de tu sangre
Con la misma igualdad con la continuidad preciosa que me asegura idealmente
        tu existencia
A una distancia
A la distancia
A pesar de la distancia
Con tu frente y tu rostro
Y toda tu presencia sin cerrar los ojos
Y el paisaje que brota de tu presencia cuando la ciudad no era no podía ser
        sino el reflejo inútil de tu presencia de hecatombe
Para mejor mojar las plumas de las aves
Cae esta lluvia de muy alto
Y me encierra dentro de ti a mí solo
Dentro y lejos de ti
Como un camino que se pierde en otro continente 
César Moro
Perú
Lima, 31 de agosto de 1903
Lima, 10 de enero de 1956 

18 febrero 2018

Blanca Varela, Poderes mágicos

No importa la hora ni el día
se cierran los ojos
se dan tres golpes con el
pie en el suelo,
se abren los ojos
y todo sigue exactamente igual
Blanca Varela
Perú
Lima, 10 de agosto de 1926
Lima 12 de marzo de 2009

15 febrero 2018

Alfredo Pérez Alencart, Poema final

La mujer del poeta no tiene sosiego,
sabe de fábulas que nunca terminan,
de sueños azules turbando los días,
se duele de veras de ingratos amigos.
Vuelve el poeta, intuye unas lágrimas
y con voz cálida le dice ‘te quiero’
recitando en su vientre odas benditas.
Y brilla la casa y cuida a su niño
y va leyendo un clásico latino,
y añora, Señor, todo lo suyo,
la familia, el río, las hojas caídas.
De nuevo su vida recobra la gloria,
prosigue su amor desafiando tormentas,
pidiendo tan solo al Dios del destino
que crezca su niño y se haga poeta.
Alfredo Pérez Alencart
Peruano-Español
Puerto Maldonado, 1962

15 enero 2018

Ricardo Peña, Caravana de los albos pájaros

¡Oh, la caravana
de los albos pájaros!

Los pájaros cruzan veloces
la mar inhollada;
cantando se internan
por la azul llanura,
y, ebrios de sol, la marcha aceleran...
¿Adónde van los pájaros?...

¡Tal vez
si presientan
que Dios
los espera;
tal vez si por eso la marcha aceleran
en pos
de la viña
celeste
que inunda el silencio!
¡Oh, la caravana
de los albos pájaros!

En la azul mañana
contémplola lleno de hondo fervor:
¿Ay, si se sumara a ella
este pájaro
loco de mi corazón?...
Ricardo Peña
Perú
Lima, 1896/29 de julio de 1939

28 diciembre 2017

Eduardo Chirinos, Mi sombra y yo

Mi sombra recorre la calle una y otra
vez sombra le digo ¿no te cansas de
recorrer la misma calle? No, me dice
y mira el sol con sus anteojos oscuros.
A veces mi sombra se adelanta unos
pasos, decide en qué esquina debo doblar,
advierte las ramas puntiagudas
de los árboles, los jardines donde ladran
los perros. Si me ve confundido silba
una canción, si me ve desorientado
me ofrece su mano para cruzar la calle.
Toma esta cuerda y sube, ordena mi
sombra. Yo la obedezco y subo hacia no
sé dónde. Una vez arriba me dice que
espere. Y yo la espero sin saber por qué.
Eduardo Chirinos
Perú
Lima, 4 de abril de 1960/
Missoula, Estados Unidos, 17 de febrero de 2016

18 diciembre 2017

César Vallejo: La araña

Es una araña enorme que ya no anda;
una araña incolora, cuyo cuerpo,
una cabeza y un abdomen, sangra.

Hoy la he visto de cerca. Y con qué esfuerzo
hacia todos los flancos
sus pies innumerables alargaba.
Y he pensado en sus ojos invisibles,
los pilotos fatales de la araña.

Es una araña que temblaba fija
en un filo de piedra;
el abdomen a un lado,
y al otro la cabeza.

Con tantos pies la pobre, y aún no puede
resolverse. Y, al verla
atónita en tal trance,
hoy me ha dado qué pena esa viajera.

Es una araña enorme, a quien impide
el abdomen seguir a la cabeza.
Y he pensado en sus ojos
y en sus pies numerosos...
¡Y me ha dado qué pena esa viajera!
César Vallejo
Perú
Santiago de Chuco 16 de marzo de 1892/
Paris 15 de abril de 1938

10 noviembre 2017

Ricardo Peña, Blanca

Blanca, blanca, blanca la melodía
ardiendo de sus hojas.
Nació la tierra enferma.              
Nació la luna con la sal del sueño.
Llovió el asombro de mis ojos.
Con el dolor la vida se filtraba.
Enloquecida ya entre mis manos.
Sola, sola, tan sólo sola.
Ricardo Peña
Perú
Lima, 1896/29 de julio de 1939

14 octubre 2017

Diego Valverde Villena: Lunares

¡Juro que el lunar estaba aquí, aquí...!
Levanto con mis ojos el naipe de piel y no está
¡Pero si ayer lo vi ahí!
¿Por qué cambian de puesto tus lunares?
¿Qué los hace peregrinos?
¿Qué poderoso magnetismo rige sus extraños movimientos?
¡Ah, tus andariegos lunares...!
Son los puntos de los dados de Dios.
Ruedan por el tapete de tu piel.
Cada mañana, cada tarde, cada noche,
en los pliegues trucados de tu cuerpo se juega mi Destino. 
Diego Valverde Villena
Perú
San Isidro, Lima, 6 de abril de 1967

06 octubre 2017

Marcos Martos :Cabellera de Berenice

Todo el tiempo me pareces un sueño
que camina, sale de sus mares naturales
y entra en la vida causando asombro.
En tu sonrisa percibo el encanto que ejerces
y el desencanto tuyo, por ahí,
en una veta profunda.
Tú, tan concreta, tan evanescente,
(esas contradicciones)
es en el dolor donde mejor
te muestras. Te he visto sufrir,
Berenice ¡y de qué manera!,
pero has estado serena en esa oscuridad,
y es que tienes luz propia
y para ti no hay negro pozo.
He aquí mi utopía y mi trabajo:
llegar a tu centro.
Tengo el convencimiento de ser
quien más te conoce, pero ésta
es mi sabiduría verdadera:
permanezco en los umbrales
donde me encegueces, mas conservo
los otros sentidos muy atentos
a lo que acontece con tu figura,
gusto, tacto oído, aguzados;
¡cómo hueles, Berenice,
tu olor jamás lo equivoco!,
ni tu voz suavísima,
ni la piel que contiene
y es tu límite.
Este es mi gusto:
permanecer a tu lado,
definirme como un hombre
de tu bandería,
por eso llevo tu aura,
te tomo de la mano,
me añudo contigo,
viajo en tu cabellera
por los espacios siderales. 
Marco Martos
Perú
Piura, 29 de noviembre de 1942 

05 septiembre 2017

He de nombrarte, Jacqueline, Alfredo Pérez Alencart

Vengan tus besos hasta la alcurnia
de mis llamaradas de amor.
Venga el sagrado perfume
que derrumba mis tristezas
y me alza y me hace partidario
de arrebatos humedecidos
en tus lloviznas de fuego.
Vengan tus tersas manos
a recorrer laberintos
del deseado sudario del éxtasis.
Venga el feliz renacimiento
que inventamos los dos
para volcarnos en abrazos,
carne con carne, ofrendados
ambos al eje del amor.
Vengan luces u oscuridades,
veranos, otoños o inviernos
sin distinción alguna: siempre
te reconoceré como radiante
primavera de mi corazón.
Venga la revelación de la princesa,
pues presto a sentir a nuevo, impelido
a vivir encendido entre tu piel,
extiendo el soliloquio y te descubro,
y te nombro, mi electa Jacqueline.
 Alfredo Pérez Alencart
Peruano-Español
Puerto Maldonado 1962

07 agosto 2017

Nocturno de Vermont, César Calvo Soriano

Me han contado también que allá las noches
tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra.

¿Es cierto que allá en Vermont, cuando sueñas,
el silencio es un viento de jazz sobre la hierba?

¿Y es cierto que allá en Vermont los geranios
inclinan al crepúsculo,
y en tu voz, a la hora de mi nombre,
en tu voz, las tristezas?

O tal vez, desde Vermont enjoyado de otoño,
besada tarde a tarde por un idioma pálido
sumerges en olvido la cabeza.
Porque en barcos de nieve, diariamente,
tus cartas
no me llegan.
Y como el prisionero que sostiene
con su frente lejana
las estrellas:
chamuscadas las manos, diariamente
te busco entre la niebla.

Ni el galope del mar; atrás quedaron
inmóviles sus cascos de diamante en la arena.

Pero un viento más bello
amanece en mi cuarto,
un viento más cargado de naufragios que el mar.

(Qué luna inalcanzable
desmadejan tus manos
en tanto el tiempo temporal golpeando
como una puerta de silencio suena.)

Desde el viento te escribo.
Y es cual si navegaran mis palabras
en los frascos de nácar que los sobrevivientes
encargan al vaivén de las sirenas.

A lo lejos escucho
el estrujado celofán del río
bajar por la ladera.
(un silencio de jazz sobre la hierba.)

Y pregunto y pregunto:
¿Es cierto que allá en Vermont
las noches tienen ojos azules
y lavan sus cabellos en ginebra?

¿Es cierto que allá en Vermont los geranios
otoñan las tristezas?

¿Es cierto que allá en Vermont es agosto
y en este mar, ausencia...?
César Calvo Soriano
Perú
Iquitos, 26 de julio, 1940
Lima, 18 de agosto, 2000

17 enero 2017

Alfredo Pérez Alencart, Las monedas

Se han puesto a contar las monedas
que cobraron tras el desahucio.
Así es la servidumbre, sin pudores,
pura erosión de aquella algarabía
de unos pocos cuidando de muchos.

Llegaron los mercaderes
y el ladrón presta al prestamista,
y el pordiosero increpa al pobre
de nueva credencial tras el eclipse.

Las monedas. Se van. Vuelven.
Defecan su óxido sobre los peces
y los panes. Incitan al simplísimo
crimen del hambre. Ni dos peras
ni dos manzanas te dan sin ellas.
Alfredo Pérez Alencart
Peruano-Español
Puerto Maldonado 1962

22 diciembre 2016

Eduardo Chirinos, Una hoja en el invierno

Mientras duermes
mi mano escribe sobre tu cuerpo
una palabra.

Y al escribirla tiemblas
como una hoja en el invierno.

Cuando despiertes mi mano
habrá borrado esa palabra.
 Entonces será tuya.
Eduardo Chirinos 
Perú
Lima, 4 de abril de 1960/ 
Missoula, Estados Unidos, 17 de febrero de 2016

01 diciembre 2016

Alfredo Pérez Alencart, Tras la niebla

Oculta tras la niebla
tus palabras
heridas.

Y quita
de su pedestal
esas palabras
que hieren.

Acércate ahora
a la tierra
más iluminada,

al camino
por el que nunca
te has perdido.
Alfredo Pérez Alencart 
Peruano-Español
Puerto Maldonado 1962

03 junio 2010

César Vallejo, Heces


Esta tarde llueve, como nunca; y no
tengo ganas de vivir, corazón.

Esta tarde es dulce. Por qué no ha de ser?
Viste de gracia y pena; viste de mujer.

Esta tarde en Lima llueve. Y yo recuerdo
las cavernas crueles de mi ingratitud;
mi bloque de hielo sobre su amapola,
más fuerte que su "No seas así!"

Mis violentas flores negras; y la bárbara
y enorme pedrada; y el trecho glacial.
Y pondrá el silencio de su dignidad
con óleos quemantes el punto final.

Por eso esta tarde, como nunca, voy
con este búho, con este corazón.

Y otras pasan; y viéndome tan triste,
toman un poquito de ti
en la abrupta arruga de mi hondo dolor.

Esta tarde llueve, llueve mucho. ¡Y no
tengo ganas de vivir, corazón!
César Vallejo
Perú
Santiago de Chuco 16 de marzo de 1892/ 
Paris 15 de abril de 1938