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22 noviembre 2018

Antonio Colinas: Armuz

Pequeña
constelación
caída del cielo.
Racimo
de lágrimas heladas
en el útero
de un monte olvidado.
Negra ladera silente
en donde vienen a dormir
las rocas vivas y las fuentes muertas,
el otoño de los álamos,
la inocencia de los corzos,
sus ojos con espanto de disparos.
En la noche sin luna
me llamas,
madriguera del lobo sonámbulo.
Camino hacia ti por sendero invisible,
pero han venido a guiarme
luminarias de otros mundos.
A sus lágrimas mudas
entregaré mis lágrimas
de felicidad.
Pequeña
constelación
caída del cielo,
camino en la noche
hacia tu infinitud.
Camino en la noche
hacia la infinitud.
Antonio Colinas
España
La Bañeza, León, 30 de enero de 1946

19 septiembre 2017

Antonio Colinas:Zamira ama los lobos

Zamira ama los lobos.
Yo quisiera ir con ella a buscarlos
a las tierras más altas,
donde los robledales rojos de Sotillo
han perdido sus hojas en las fuentes,
allá donde los caballos
beben el agua helada de las cascadas
y se espera la nieve
como una bendición.
Tú y yo estamos en este hospital
esperando a la muerte.
No la muerte tuya ni la muerte mía,
sino la de aquellos que nos dieron la vida.
Y éstos, ¿a quiénes pasarán,
cuando mueran, sus muertes?
Tú y yo esperando el final,
el vacío del límite,
mientras la vida brilla y tiembla entre nosotros
como un cuchillo inocente.
Y es que, esperando la muerte de los otros,
esperamos un poco la muerte nuestra.
Quizá, por ello, Zamira ama los lobos.
Quizá, por ello, yo deseo también
salir a buscarlos con ella este mes de diciembre
a los páramos altos, a los prados remotos.
Y podríamos ver los espinos,
y las brasas de sangre del sol
en mimbrales morados.
Puesta ya en nuestros ojos
la venda de la nieve,
que no pensemos más, que ya no nos deslumbre
el acre resplandor de los quirófanos.
Zamira ama los lobos,
quiere escapar del laberinto de piedra y cristal
del dolor.
Zamira: partamos y no regresemos.
Antonio Colinas
España
La Bañeza, León, 30 de enero de 1946 

02 septiembre 2017

Antonio Colinas:En Ávila, unas pocas palabras

Si pudiese apoyar mi frente en ti
y perder el sentido, si pudiese
extraviarme por siempre en tu pureza…
Peregrino, después de tantos años,
he caído en ti y en ti me he alzado.
Me creía encerrado entre tus muros
cuando en realidad (¡al fin!) estaba abriendo
mi corazón del todo.
Y esa nieve tan nueva de tus tejas
cómo cicatrizaba en mí la vieja herida
de los ojos (blancura
que deshace el cansancio, la ira de vivir).
Me iba lejos de ti, pero aunque me fuese
tú germinabas silenciosamente
en mi interior,
eras semilla que enciende la escarcha,
pues ser hombre en ti quiere decir
simplemente amar la infinitud.
Puede que todo (aquello que sabemos
y lo que no sabemos),
se lo ofrendes al que respira en ti.
Ese aire abrasado que llega de los páramos
del espíritu, o de las sierras violáceas donde
dialogan los rayos y el pinar,
te salvará y nos salvará.

Asciendes siempre, pero siempre quedas
en tu loma serena, a nuestro lado:
remanso son tus piedras de aguas vivas.
Si pudiese apoyar mi frente en ti
y perder el sentido, si pudiese
extraviarme por siempre en tu silencio…
Pero hay algo mejor, un don mejor
que puede recibir quien te conoce,
quien como ofrenda ante ti se inclina:
permanecer velando esa presencia
tan clara y tan fría de tu aura;
sentir como una llama
(en nuestras manos muertas)
la vida de las vidas:
el secreto que revelara Juan,
el secreto que reveló Teresa.
Antonio Colinas
España
La Bañeza, León, 30 de enero de 1946 

26 agosto 2017

Antonio Colinas: Clara en los Uffizi

Ibas despreocupada paseando
por  las salas del museo de los Uffizi,
sin saber hacia dónde dirigir tus dos ojos;
avanzabas quizá con el cansancio
del que ha recorrido Florencia todo el día.
No sabías que, de repente, allí
te iba a asaltar un poderoso símbolo:
el de la inesperada Belleza,
el ideal sublime de Belleza y Verdad,
ese que (todavía) nos hace a los humanos
más humanos.

Botticelli fue el nombre del artista.
La Primavera el cuadro.
No supiste qué hacer
y te quedaste muda.
Simplemente dejaste que hablase el corazón.
Y te pusiste a llorar.
Y llorabas,
y llorabas.

A la Verdad y a la Belleza sólo
le faltaban el gozo de tus lágrimas.
Antonio Colinas
España
La Bañeza, León, 30 de enero de 1946 

22 agosto 2016

Antonio Colinas: Nocturno

Perdámonos más allá, más allá todavía,
en las lomas de las piedras de bronce,
en las montañas negras de septiembre,
en cuyas hondonadas
pronto alzarán los chopos sus hogueras.

Perdámonos o deja que me pierda
en ti, o acaso tras las tapias,
también de bronce,
de este mínimo huerto.
Detrás veo un nogal
y a su sombra hallaríamos
tu paz y la mía.

Llévame, o tráeme, o piérdeme
por esta amarga y dulce tierra nuestra,
pero este anochecer del verano moribundo
no me saques del laberinto sin salida
de tus ojos.
Antonio Colinas
España

La Bañeza, León, 30 de enero de 1946