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22 julio 2019

Carlos Castro de Saavedra: Inés

Inés digo y mi boca se convierte en azúcar
de manzana partida por la luz del verano.
Decir esta palabra es como adivinar
que está cantando un pájaro en un árbol lejano.

Inés digo y mi labio se convierte en abierta
flor de pétalos dulces contra la madrugada.
Decir esta palabra es soñar que está muerta
la tarde en el abismo de la noche estrellada.

Inés digo y parece que mi voz se quedara
temblando entre las redes impalpables de un beso.
Decir esta palabra es como si lograra
detener en el aire la música de un rezo.

Cuando yo digo Inés olvido los agravios
y de claros panales y canciones me acuerdo.
Decir esta palabra es apretar los labios
para intentar el acto de besar un recuerdo.

Alzar las manos puras para decir Inés
es caer en la sombra de un árbol florecido.
Decir Inés, siquiera por una sola vez,
es sentir en la rama del corazón un nido.
Carlos Castro de Saavedra
Colombia
Medellín, 10 de agosto de 1924/
Medellín, 3 de abril de 1989

06 marzo 2019

Carlos Castro Saavedra: Dios

En el pan está Dios, en la colmena.
En el tallo, en la flor, en el aroma.
En el aire, en la luz, en la paloma.
En la sal, en la voz, en la azucena.

Está en el fruto que de miel se llena.
En el agua amorosa que se toma.
En la estrella que tiembla cuando asoma.
En la flauta que llora cuando suena.

Está en el nido oculto, está en la rama.
En la chispa, en la brasa, entre la llama
que alimenta la lámpara del día.

Y sobre todo está en el corazón
que en el molino azul de la canción·
muele su grano de melancolía.
Carlos Castro Saavedra
Brasil
Itabira, Minas Gerais, 31 de octubre de 1902
Río de Janeiro, 17 de agosto de 1987

15 noviembre 2018

Carlos Castro de Saavedra: Epitafio

Aquí yacen, y el polvo los conserva,
una mujer y un hombre que se amaron
y que de beso en beso se acercaron
a la paz que la muerte nos reserva.

Sencillo, como un ciervo y una cierva,
a la tierra profunda se entregaron
y por última vez se desnudaron
para dormir debajo de la hierba.

Ella fue silenciosa, triste, pobre,
y él con su cara de ceniza y cobre
trabajó en las entrañas de las minas.

En esta tumba, caminante amigo,
deja caer un poco de tu trigo
para que no le falten golondrinas. 
Carlos Castro de Saavedra
Colombia
Medellín, 10 de agosto de 1924/
Medellín, 3 de abril de 1989

27 noviembre 2017

Carlos Castro Saavedra, El buque de los enamorados

Era un buque en el mar,
era el amor en medio de las olas inmensas,
y era mi soledad de navegante
y los peces oscuros de tus trenzas.

Pensaba en ti, soñaba
que iba contigo a perfumar los puertos,
y a sembrar anclas y constelaciones
en las frentes dormidas de los muertos.

Pero soñaba apenas, amor mío,
y las aguas furiosas me sacaban del sueño,
y a ti te separaban de mi costa
como una barca triste o como un leño.

El buque, el buque entero,
sin ti era un ataúd sobre las olas,
un herido flotando tristemente
sobre una muchedumbre de amapolas.

Me tambaleaba en medio de gaviotas,
me inclinaba hacia ti salobremente,
y las islas brillaban como lunas
sobre toda la noche de mi frente.

(Mar adentro no hay más que los recuerdos
y sal sobre mi piel, sobre la vida,
y el amor que pregunta por la sangre
y le responde el labio de una herida.).

A veces era lunes,
decían que era lunes mis hermanos,
y te veía venir sobre las olas
con toda la semana entre las manos.

El tiempo era tu ausencia,
el mar era la sombra de la tristeza mía,
y el buque era un naufragio
que se inclinaba y no se decidía.

Por la noche volaban las estrellas,
como peces dorados, por el cielo,
y yo pensaba que en la tierra firme
tú también contemplabas este vuelo.

El buque del amor, de los enamorados,
todavía navega por mis venas,
y levanta la espuma de mi sangre
y la pescadería de mis penas.

Un rumor de marea que no cesa
a pesar de los días y los pasos,
acomete la costa de mis besos
y los acantilados de mis brazos.

Escucha el buque, esposa,
acerca tus oídos a mi piel como flores,
y escucha el buque, el buque,
navegar por mis mares interiores.
Carlos Castro de Saavedra
Colombia
Medellín, 10 de agosto de 1924/
Medellín, 3 de abril de 1989

05 abril 2017

Carlos Castro de Saavedra, Amistad

Amistad es lo mismo que una mano
que en otra mano apoya su fatiga
y siente que el cansancio se mitiga
y el camino se vuelve más humano.

El amigo sincero es el hermano
claro y elemental como la espiga,
como el pan, como el sol, como la hormiga
que confunde la miel con el verano.

Grande riqueza, dulce compañía
es la del ser que llega con el día
y aclara nuestras noches interiores.

Fuente de convivencia, de ternura,
es la amistad que crece y se madura
en medio de alegrías y dolores.

Carlos Castro de Saavedra
Colombia
Medellín, 10 de agosto de 1924/
Medellín, 3 de abril de 1989

28 marzo 2017

Carlos Castro de Saavedra, Amor

Un deseo constante de alegría;
una urgencia perenne de lamento
y el corazón, campana sobre el viento
estrenando badajas de elegía.

Morir mil veces en un solo día
y otras tantas quemar el pensamiento
en la resurrección, que es el tormento
de pensar en la próxima agonía.

Ver en pupilas de mujer un llanto
y sorprenderlo convertido en canto
al soñar en un niño que lo vierte.

Esto es amor, candela estremecida
empujando la noche de la vida
hacia la madrugada de la muerte.
Carlos Castro de Saavedra
Colombia
Medellín, 10 de agosto de 1924/
Medellín, 3 de abril de 1989