Mostrando entradas con la etiqueta Uruguay. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Uruguay. Mostrar todas las entradas

06 mayo 2019

Ida Vitale: Exilios


…tras tanto acá y allá yendo y viniendo.
Francisco de Aldana

Están aquí y allá: de paso,
en ningún lado.
Cada horizonte: donde un ascua atrae.
Podrían ir hacia cualquier fisura.
No hay brújula ni voces.
Cruzan desiertos que el bravo sol
o que la helada queman
y campos infinitos sin el límite
que los vuelve reales,
que los haría de solidez y pasto.
La mirada se acuesta como un perro,
sin siquiera el recurso de mover una cola.
La mirada se acuesta o retrocede,
se pulveriza por el aire
si nadie la devuelve.
No regresa a la sangre ni alcanza
a quien debiera.
Se disuelve, tan solo.
Ida Vitale
Uruguay
Montevideo, 2 de noviembre de 1923

18 abril 2019

Amanda Berenguer: Remolino

Detrás de mí, mis ojos escondidos,
buscaban, hace tiempo, y hoy preguntan:
que ayer fue sueño lo que ahora es bruma,
que ayer fue río lo que ahora es rastro,
y nave viva lo que ya es naufragio. 
Amanda Berenguer
Uruguay
24 de junio de 1921
Montevideo,  13 de julio de 2010

21 noviembre 2018

Cristina Peri Rossi: Miedo

Las pocas veces
que he sido feliz
he tenido un profundo miedo
¿cómo iba a pagar la factura?

Solo los insensatos
-o los no nacidos-
son felices sin temor.
 Cristina Peri Rossi
Uruguay
Montevideo,  12 de noviembre de 1941

25 octubre 2018

Cirse Maia: Blusa

A veces puede el pensamiento apoyarse
fuertemente sobre un objeto sin importancia -
esa blusa colgada fuera, por ejemplo, como quién
apoya la punta de un compás y gira luego. Mira
la blusa: ya debe estar casi seca, por la forma en
que el viento sacude las mangas. Toda clase de
gestos aparecen ahora esbozados: abrazos,
saludos, despedidas.

Más tal vez: los gestos desesperados parecen
sugerir un deseo de soltarse, de volar libremente
sobre las azoteas entregándose al viento. Pero ahí
está la hipocresía del objeto comediante, que se
sabe seguro, bien sostenido por los dos palillos
en los hombros. Puede entonces fingir esos
arrebatos, esos místicos vuelos.
Lo que no ha sido calculado es el momento-
ya cercano- en que subirían los pasos por la
escalera oscura, se abrirá la puerta de la azotea y
la blusa será descolgada, doblada y guardada en
cajón inmóvil.
Cirse Maia
Uruguay
Montevideo, 29 de junio de 1932

21 junio 2018

Circe Maia: Visible y cercano

Trabajo en lo visible y en lo cercano
y no lo creas fácil.
No quiero ir más lejos. Todo esto
que palpo y veo
junto a mí, hora a hora
es rebelde y resiste.
Para su peso vivo
demasiado livianas se me hacen las palabras.
 Cirse Maia
Uruguay
Montevideo, 29 de junio de 1932

16 junio 2018

Mario Benedetti, Duendes de nunca

Sólo cuando el ciclón / avergonzado
de su servil escándalo de agosto /
se abandona en un último jadeo
las ideas se tornan macilentas
penitentes / resecas / agobiadas
y en nuestras manos torpes
se hacen menos profundas
las líneas de la vida y de la muerte

no obstante si se extingue el temor / la salmodia
crepuscular se hace más nítida /
la soledad fulgura en sus cristales
pájaros aturdidos comparecen en ráfagas
y el aire es a la vez hediondo e inocente

es el turno de usarnos sin dios y sin pasado
ahora que hasta el tiempo es bálsamo y ofrenda
y pasaron los cielos y pasaron los ríos
y los hechiceros suspendieron sus cábalas
y los siete pecados capitales son cuatro
quizá sea el momento de acudir a la cita
con la infancia de veras y sus duendes de nunca
Mario Benedetti
Uruguay
Paso de los Toros 14 de septiembre de 1920/
Montevideo, 17 de mayo de 2009

02 abril 2018

Cirse Maia: Discrepancias

Dice la voz de la lluvia:
-Soy la misma de hace mil años
y de aquí a otros mil, seré la misma.

Pero una gota, rota en la ventana,
no está de acuerdo.
Cirse Maia
Uruguay
Montevideo, 29 de junio de 1932

05 diciembre 2017

Kydia Mateos, Antes

Yo creo que te amaba
cuando eras un poeta
y tu aliento prendía
madrelunas de asombro
en mis manos cansadas.

Cuando apenas tenías
junto a la humilde lámpara
noches de vino triste
y romero encendido
para una angustia larga.

Cuando en tu andar soñabas
burdos amaneceres
de zapatos raídos
de muñecas ajenas
de calles enguantadas.

Cuando el viento traía
olor de sombra virgen
a la espiral bohemia
de tu mesa vacía
              callada.

Corrías tras mi sombra
desafiando las lunas
y los amaneceres.

Eras tan sólo un hombre
nostalgioso y amargo.

Apenas un poeta
tibio de noches pobres
con las manos vacías
y el loco corazón
desbordante de versos
engañosos.
Por eso yo te amaba.
Kydia Mateos
Uruguay
1933

09 octubre 2017

Ida Vitale: Aclimatación

Primero te retraes,
                                      te agostas,
pierdes alma en lo seco,
en lo que no comprendes,
intentas llegar al agua de la vida,
alumbrar una membrana mínima,
una hoja pequeña.
                                       No soñar flores.
El aire te sofoca.
                                    Sientes la arena
reinar en la mañana,
morir lo verde,
subir árido oro.

Pero, aún sin ella saberlo,
desde algún borde
una voz compadece, te moja
breve, dichosamente,
como cuando rozas
una rama de pino baja
ya concluida la lluvia.
Ida Vitale
Uruguay
Montevideo, 2 de noviembre de 1923

27 septiembre 2017

Martha L. Canfield, La luna no

No quiero que la luna te toque los cabellos
no quiero que la noche te altere la estatura
ni que el sueño te guarde
en el espacio ingrato
que lo real rechaza.
Yo quiero que sea solar tu signo
que la mañana límpida se alargue
innumerable por tus horas,
que a pulmón lleno respires
la vida que me falta,
que no lamentes nada
que tu esplendor levante
las horas de los días
en un arco inmortal
en el que nunca llegue a aparecer la luna.
Y que no sepas nunca
que la gracia transita
o que se pierde.
Martha L. Canfield
Uruguay
Montevideo, 1949

20 septiembre 2017

Nombres, Martha L. Canfield

Me susurraba su nombre al tiempo que
me estrechaba amoroso entre sus brazos
- Jorge, soy Jorge -
y marcaba las sílabas
de ese nombre tan dulce para mí
como si hubiera querido cerrar
un círculo fantástico,
y también colocar
esa señal de fin que le faltaba
al largo recorrido
que empezó cuando era muy pequeña
y descubrí el efecto
de la palabra ajena
en el rostro sereno de mi padre.

Como si hubiera querido asumir
la identidad plural de los amores
en mí ya confundidos,
y también confirmar en la repetición
el signo privilegiado que el círculo
cierra pero abre al mismo tiempo,
lanza hacia adelante y regresando
enlaza la segura caricia familiar
con ésta, abierta a todo
el misterioso abismo del placer...

Tal vez quería decir
estoy contigo, amiga mía, mira
que detrás del deseo
existe una gran playa
donde el espacio es tiempo sin medida,
conversar se transforma
en canto fraterno y puro
y tu voz ha de hallar
no eco sino refugio en la mía.
- Soy Jorge, ¿lo recuerdas? -

Y la experiencia virgen
de una palabra de pronto no útil,
no transparente o justa,
sino impregnada sólo de poesía
se renovaba en el murmullo intenso,
último de la serie, primero del comienzo.

El tierno abrazo sofocante
que me aislaba del mundo
me descubría la senda milagrosa
donde lo ya perdido
puede volver a perfumar.

Y el alma de los tiempos me mecía
por encima del tiempo.

 Martha L. Canfield
Uruguay
Montevideo, 28 de mayo de 1949

06 septiembre 2017

Delmira Agustini, Mis amores

Hoy han vuelto.
Por todos los senderos de la noche han venido
a llorar en mi lecho.
¡Fueron tantos, son tantos!
Yo no sé cuáles viven, yo no sé cuál ha muerto.
Me lloraré yo misma para llorarlos todos.
La noche bebe el llanto como un pañuelo negro.
Hay cabezas doradas a sol, como maduras…
Hay cabezas tocadas de sombra y de misterio,
cabezas coronadas de una espina invisible,
cabezas que son rosa, la rosa del ensueño,
cabezas que se doblan en cojines de abismo,
cabezas que quisieran descansar en el cielo,
algunas que no alcanzan a oler a primavera,
y muchas que trascienden a las flores de invierno.
Todas esas cabezas me duelen como llagas…
me duelen como muertos…

¡Ah…! y los ojos…los ojos me duelen más: ¡son dobles..!
Indefinidos, verdes, grises, azules, negros,
abrasan si fulguran,
son caricias, dolor, constelación, infierno.
Sobre toda su luz, sobre todas sus llamas,
se iluminó mi alma y se templó mi cuerpo.
Ellos me dieron sed de todas esas bocas…
de todas esas bocas que florecen mi lecho:
vasos rojos o pálidos de miel o de amargura
con lises de armonía o rosas de silencio,
de todos esos vasos donde bebí la vida,
de todas esos vasos donde la muerte bebo…
El jardín de sus bocas, venenoso, embriagante,
en donde respiraban “sus almas” y “sus cuerpos”.
Humedecido en lágrimas
han rodeado mi lecho…

Y las manos, las manos colmadas de destinos,
secretas y alhajadas de anillos de misterio…
Hay manos que nacieron con guantes de caricia,
manos que están colmadas de la flor del deseo,
manos en que se siente un puñal nunca visto,
manos en que se ve un intangible cetro;
pálidas o morenas, voluptuosas o fuertes,
en todas, todas ellas, puede engarzar un sueño.
Con tristeza de almas se doblegan los cuerpos,
sin velos, santamente vestidos de deseo.
Imanes de mis brazos, panales de mi entraña
como invisible abismo se inclinan en mi lecho…
¡Ah, entre todas las manos, yo he buscado tus manos!
Tu boca entre las bocas, tu cuerpo entre los cuerpos,
de todas las cabezas yo quiero tu cabeza,
de todos esos ojos, ¡tus ojos sólo quiero!
Tú eres el más triste, por ser el más querido,
tú has llegado el primero por venir de más lejos…
¡Ah, la cabeza oscura que no he tocado nunca
y las pupilas claras que miré tanto tiempo!
Las ojeras que ahondamos la tarde y yo inconscientes,
la palidez extraña que doblé sin saberlo,
ven a mí: mente a mente;
ven a mí: cuerpo a cuerpo.
Tú me dirás que has hecho de mi primer suspiro…
Tú me dirás que has hecho del sueño de aquel beso…
Me dirás si lloraste cuando te dejé solo…
¡Y me dirás si has muerto…!

Si has muerto,
mi pena enlutará la alcoba lentamente,
y estrecharé tu sombra hasta apagar mi cuerpo.
Y en el silencio ahondado de tinieblas,
y en la tiniebla ahondada de silencio,
nos velará llorando, llorando hasta morirse
nuestro hijo: el recuerdo.
Delmira Agustini
Uruguay
Montevideo, 24 de octubre de 1886/
6 de julio de 1914

22 marzo 2017

Ida Vitale: Este mundo

Sólo acepto este mundo iluminado
cierto, inconstante, mío.
Sólo exalto su eterno laberinto
y su segura luz, aunque se esconda.
Despierta o entre sueños,
su grave tierra piso
y es su paciencia en mí
la que florece.
Tiene un círculo sordo, limbo acaso,
donde a ciegas aguardo
la lluvia, el fuego
desencadenados.
A veces su luz cambia,
es el infierno;
a veces, rara vez,
el paraíso.
Alguien podrá quizás
entreabrir puertas,
ver más allá
promesas, sucesiones.
Yo sólo en él habito,
de él espero,
y hay suficiente asombro.
En él estoy,
me quede,
renaciera.
Ida Vitale
Uruguay
Montevideo, 2 de noviembre de 1923

01 marzo 2017

Ida Vitale: Trampas

Las arpas de la óptica alegría...!
Juan Ramón Jiménez

El azar, ese dios extraviado
que libra su batalla, fuego a fuego,
no está sólo escondido en la catástrofe:
a veces un gorjeo lo delata
y sobornado, entonces
admite durar un poco en la alegría.
Ida Vitale
Uruguay
Montevideo, 2 de noviembre de 1923

30 enero 2017

Cristina Peri Rossi: Sálvese quien pueda

Si fui amarga fue por la pena.
El capitán gritó "Sálvese quien pueda"
y yo, sin pensarlo más, me lancé al agua,
como ávida nadadora
como si siempre hubiera estado esperando ese momento,
el momento supremo de soledad
en que nada pesa
nada queda ya
sino el deseo impostergable de vivir;
me lancé al agua, es cierto, sin mirar atrás.
De mirar quizás no me lanzara
habría vacilado mirando tus grandes ojos tristes
siniestros remordimientos me hubieran impedido ya
saltar al espacio
tocar la fría humedad del aire
el nocturno relente
y caer
como recién nacida
en la flotante superficie del bote
donde todo habría de continuar,
no se sabe adónde.
Si hubiera mirado atrás,
tus grandes ojos tristes
la vela suspendida
los cabos sueltos
las cámaras anegadas
como los recuerdos salados del mar.
Si hubiera mirado atrás,
tus grandes ojos tristes,
la vela mística suspendida
los cabos sueltos
las cámaras anegadas
como los recuerdos salados del mar.
Si hubiera mirado atrás.
"Sálvese quien pueda" gritaba el capitán
De haber mirado
de haber vuelto los ojos
como Eurídice
ya no podría saltar
pertenecería al pasado
anclada entre las redes del barco, tu capitán, el moho de las sillas
los versos que consumíamos en las noches de vigilia
tu pereza de saltar,
tu vergüenza de correr,
atrapada entre las hermosas lianas de los versos preferidos,
acaso no hubiera respirado más el aire salino
ni visto aparecer el sol;
era un caso de vida o muerte
"Sálvese quien pueda"
había gritado el capitán,
la vida era una hipótesis de salto,
quedarse, una muerte segura.
Cristina Peri Rossi
Uruguay
Montevideo,12 de noviembre de 1941

03 enero 2017

Marosa de Giorgio: Este melón es una rosa

Este melón es una rosa,
este perfuma como una rosa,
adentro debe tener un ángel
con el corazón y la cintura siempre en llamas.
Este es un santo,
vuelve de oro y de perfume
todo lo que toca;
posee todas las virtudes, ningún defecto,
Yo le rezo,
después lo voy a festejar en un poema.
ahora, sólo digo lo que él es:
un relámpago,
un perfume,
el hijo varón de las rosas.
Marosa de Giorgio
Uruguay
Salto, 1932/ Montevideo, 2004

27 diciembre 2016

Ida Vitale: Sobrevivida

Dame noche
las convenidas esperanzas,
dame no ya tu paz,
dame milagro,
dame al fin tu parcela,
porción del paraíso,
tu azul jardín cerrado,
tus pájaros sin canto.
Dame, en cuanto cierre
los ojos de la cara,
tus dos manos de sueño
que encaminan y hielan,
dame con qué encontrarme
dame, como una espada,
el camino que pasa
por el filo del miedo,
una luna sin sombra,
una música apenas oída
y ya aprendida,
dame, noche, verdad
para mí sola
tiempo para mí sola,
sobrevida.
Ida Vitale
Uruguay
Montevideo, 2 de noviembre de 1923

29 noviembre 2016

Cirse Maia: No habrá

Construyendo los días uno a uno
bien puede ocurrir que nos falte una hora
-tal vez sólo una hora-
o más, muchas más, pero raro es que nos sobren.

Siempre faltan, nos faltan.
Quisiéramos robarlas a la noche
pero estamos cansados
nos pesan ya los párpados.

Nos dormimos así y la final imagen
-antes de zambullirnos en el sueño-
es para un día nuevo, de anchas horas
como llano estirado, como viento.

Lastimosa mentira.

No habrá días-burbuja imprevistos
sorprendentes, abiertos.

El zumo de este día transcurrido
se filtra por el borde de la madrugada
y ya la está royendo.
Cirse Maia
Uruguay
Montevideo, 29 de junio de 1932

22 noviembre 2016

Cristina Peri Rossi: Después

Y ahora se inicia
la pequeña vida
del sobreviviente de la catástrofe del amor:
hola, perros pequeños,
hola, vagabundos,
hola, autobuses y transeúntes
Soy una niña de pecho
acabo de nacer
del terrible parto del amor
Ya no amo
Ahora puedo ejercer en el mundo
inscribirme en él
soy una pieza más del engranaje
Ya no estoy loca.
Cristina Peri Rossi
Uruguay
Montevideo, 12 de noviembre de 1941

25 noviembre 2013

Ida Vitale: Residua

Corta la vida o larga, todo
lo que vivimos se reduce
a un gris residuo en la memoria.

De los antiguos viajes quedan
las enigmáticas monedas
que pretenden valores falsos.

De la memoria sólo sube
un vago polvo y un perfume.
¿Acaso sea la poesía?
Ida Vitale
Uruguay
Montevideo, 2 de noviembre de 1923