23 abril 2018

Edith Södergran, Vierge moderne


No soy mujer. Soy un neutro.
Soy un niño, un paje y una osada decisión,
soy un rayo risueño de un sol escarlata…
Soy una red para todos los peces golosos,
soy un brindis en honor a todas las mujeres.
soy un paso hacia el azar y la ruina,
soy un salto en la libertad y en el yo…
Soy el murmullo de la sangre en el oído del hombre,
soy un escalofrío del alma, el ansia y la negación de la carne,
soy el anuncio de nuevos paraísos.
Soy una llama inquisitiva e intrépida,
soy agua, honda mas audaz hasta las rodillas,
soy fuego y agua sinceramente unidos por libre decisión.
Edith Södergran
Suecia
San Petersburgo, Rusia, 4 de abril de 1892
Roshchino, Leningrad Oblast, Rusia, 24 de junio de 1923

22 abril 2018

Jesús Munarriz, La respuesta del erizo

No puede plantar cara al enemigo
mostrándole los cuernos:
no los tiene.
Ni tampoco morderle:
son sus dientes
pacíficos, hervíboros.
Carece de aguijones, de sustancias
que inocular: su cuerpo
no produce venenos.
Ni puede refugiarse en la manada:
vive con su familia nada más, cuida de ella.
Ni siquiera la huida le es posible:
mal corredor, lentísimo, torpón,
lo atrapan de inmediato.
Así que si se siente
atacado, el erizo
se aovilla
y despliega sus púas.
Es su única defensa.
Pues aún hay quien le acusa
de agresivo.
Jesús Munárriz
España
San Sebastián, 1940

20 abril 2018

Marge Piercy, La más clara alegría

La más clara alegría
es el cese de un gran sufrimiento.
Cuando la campana de hierro se quita de la cabeza,
cuando el clamoroso choque se apacigua en los nervios,
cuando el cuerpo se desliza libre
como la carnada del anzuelo
y el pútrido aire de la ciudad
empieza a bullir en los pulmones.
La luz resbala en miel sobre los ojos.
El austero techo se vuelve merengue.
El cuerpo se desenreda, se despliega
prodigiosamente vacío como un lirio.
Respirar es bailar.
Muda y enteramente
como la albahaca en la ventana
levanto la nariz al sol. 
Marge Piercy
Estados Unidos
31 de marzo de 1936, Detroit, Míchigan

19 abril 2018

Débora Benacot , Papel

Una mujer, para escribir,
necesita un cuarto propio

un amor, un dolor, alguna ausencia
una casa y su diluvio de hijos
un útero con pánico escénico
un buen pasar, un hambre de años
un orgasmo interminable
la frigidez más escalofriante
un marido editor
cierto amante insipiente
un fracaso (dos o varios)
tres minutos a solas en el baño

ser feliz, egoísta, miserable
letal, ninfómana, ingenua

las ganas de vivir y suicidarse

pero a decir verdad
a menudo simplemente alcanza
con un cuarto alquilado
un trozo de papel y
su cerebro. 
Débora Benacot
Argentina
Mendoza en 1976.

18 abril 2018

Eduardo García, La isla

Tus caricias. El mar. Los cocoteros.
La sábana enredada entre tus piernas.
El maitre del hotel, su voz de frío:
«Veinticuatro horas, ¡ya sabe!».
Supe que un día era un plazo inconcebible,
que tan sólo unas horas bastarían.
Conocí el huracán, la madreselva.
Conocí el ancho cielo interminable.
Conocí las espadas y el enigma,
la boca del dolor, la del deseo,
la súplica que anuncian los labios no besados,
qué tibio el corazón cuando se precipita.
Cuantas mujeres hay en este mundo
las conocí por ti. En ti dormían. 
Eduardo García
España
 São Paulo, Brasil 23 de agosto de 1965
Córdoba, España, 19 de abril de 2016

17 abril 2018

Isabel Jimeno, Al amor lo matan

Al amor lo maquillan,
lo llenan de veneno,
lo matan,
incluso con la música
que dicen,
que dicen
que es música.
En la televisión basura,
en las galerías de arte,
en la casa llena de fantasmas,
en los supermercados,
en las ausencias de cuerpo y alma.
Pero se alza desde los pedazos,
en los silencios del paraíso,
cuando el sol se hunde como naranja de miel
en los cuchillos azules-rojizos del infinito
que baila, como un cisne torpe,
un vals. 
Isabel Jimeno
España
Badajoz, 1983

15 abril 2018

Mª Mercedes Carranza, Patas arriba con la vida

Sé que voy a morir porque no amo ya nada.
Manuel Machado

Moriré mortal,
es decir habiendo pasado
por este mundo
sin romperlo ni mancharlo.
No inventé ningún vicio,
pero gocé de todas las virtudes:
arrendé mi alma
a la hipocresía: he traficado
con las palabras,
con los gestos, con el silencio;
cedí a la mentira:
he esperado la esperanza,
he amado el amor,
y hasta algún día pronuncié
la palabra Patria;
acepté el engaño:
he sido madre, ciudadana,
hija de familia, amiga,
compañera, amante.
Creí en la verdad:
dos y dos son cuatro,
María Mercedes debe nacer,
crecer, reproducirse y morir
y en esas estoy.
Soy un dechado del siglo XX.
Y cuando el miedo llega
me voy a ver televisión
para dialogar con mis mentiras.
Mª Mercedes Carranza
Colombia
Bogotá, 24 de mayo de 1945
Bogotá, 11 de julio de 2003

14 abril 2018

Elizabeth Jennings, Una sola carne

Y ahora yacen separados, cada uno en su cama,
él con su libro, la luz que lo acompaña hasta
  el amanecer,
ella, como una niña, durmiendo con placidez,
  soñando su infancia;
y todos los hombres en otro sitio, atentos,
como si esperaran una revelación:
el libro no leído que él sostiene,
los estáticos ojos de ella bajo las sombras.
A la intemperie, como los desechos anegados de una
  pasión olvidada,
ambos se tienden lánguidos e impasibles.
  Difícilmente volverán a tocarse
y si lo hacen es apenas como una confesión
de sentimientos que ya no tienen, o que poseen
  en demasía.
La castidad los reclama, un porvenir
para el cual la totalidad de sus vidas fue sólo
  una preparación.
Elizabeth Jennings
¿No lo han advertido?
Estoy hablando de mi padre y de mi madre,
cuyo fuego, ese que antaño me engendró, hoy yace enfriado.
 Elizabeth Jennings
Estados Unidos
Boston, 18 de julio de 1926
Oxford, Inglaterra, 26 de octubre de 2001

Helena contempla a sus hermanos, Josefa Parra

Dulces hermanos, carne
de un mismo amor, rendidos
al borde de la noche
os contemplo: soberbios
como dioses, y frágiles
como cisnes. Qué extraño
maleficio nos une,
qué enredados caminos
llevaron a este ocaso.

Me llamaréis hermana,
y yo os llamaré amados,
piel deleitosa, fruta
de mi propio jardín.
Míos sois por la gracia del deseo.
Soy vuestra por la gracia de la sangre.

Y un día lloraré
al decir vuestros nombres.
Josefa Parra
España
Jerez de la Frontera, Cádiz, 7 de febrero de 1965

12 abril 2018

Floriano Martins, Raquel

¿Hasta cuándo puedo confiar en tus palabras?
Me pides que busque la salvación en tu nombre,
que desfallezca, aguarde, vague, permita
que me olviden todos. Me ilusiono creyendo en la visión
de tus encantos, y acato atenta tus preceptos.
Para los desengañados, debo abrir amplias fosas.
Y entrego mi cuerpo a aquellos que lo necesiten.
Una vez más padezco, y aguardo, y me vuelvo
nada, un retazo, una sombra perturbada,
hasta que me canse e indague por los siete llantos
de mi alma exánime: ¿un día me consolarás?
Abro la mano y persigo los rastros de mi destino.
Me extravío allí tantas veces que ya no distingo
a mi único suplicio: ¿tú, cuándo me consolarás? 
Floriano Martins
Brasil
Fortaleza, 1957

11 abril 2018

Beatriz Vanegas Athías, En el pasillo

En el pasillo ocurre el azulejo: ojo azul que
parpadea
Feliz ante el hallazgo del grano de azúcar.
Ocurre el aroma mensual del lirio color
ladrillo.
En el pasillo ocurre el rebote del balón
que suspende la siesta.
Ocurre la impaciencia por recoger la ropa
seca
Que la lluvia amenaza con empapar y la
carrera
hacia la cocina para intentar salvar la leche
que ya no es de este mundo.
En el pasillo ocurre la hamaca: balanceante
paraíso
para el encuentro con Sabines y Alejandra.
Y ocurre la noche: cuando el mirto
emborracha al aire
Y los bonches son estrellas rojas
que encienden el cielo verde del jardín.
y ocurre también, ni más faltaba,
el despiadado dolor de tu ausencia. 
 Beatriz Vanegas Athías
Colombia
Majagual, Sucre, 1970

09 abril 2018

Beatriz Russo, Tu voz vacía


Porque tu voz ya no es sonora,
a veces me llamo por mi nombre con tu voz,

Cierro mis ojos vehementes y me pronuncio.
Entonces llegas sonoro a mi pecho
y te protejo con mis manos
para que no te me escapes de nuevo.
Sólo un instante, el mismo que te desapareció,
instante de bola de fuego que me traspasa
dejándome un hueco en el tórax,
como una ventana abierta que me despierta
con el repetido sueño de buscar la manta con los pies.

Porque tu voz ya no es sonora,
a veces me llamo por mi nombre con tu voz
y aún lloro tu muerte inventada.
Mi rostro se posa sobre tu lápida
y te escribo un epitafio con mis lágrimas
e insomne te velo con el riguroso luto
de mis ojos oscuros, de mis ojos enterrados
en vida bajo la tumba de mi almohada.

Me muero de frío,
la ventana está rota,
no hay manta a los pies de mi cama
y sin embargo, aún sueño que regresas
y me hablas al oído.

Beatriz Russo
España
Madrid,  1971

08 abril 2018

José Mª Velázquez Pérez, Éliane,

Arrugas la nariz, Éliane, ruges
y te abalanzas sobre el Universo.
Tigre de ojos azules, todo me lo haces tuyo.
Y el tiempo es todavía esa gacela
que corre en libertad ante tu asombro,
la hiena que no ves y ya persigue tus pasos por la calle.
Yo no sé cuándo un día,
pequeña Éliane, niña de soleadas garras,
te irás hacia la noche de un amor más salvaje
con tu rubia inocencia
expuesta a sus traidoras dentelladas,
esas que al acostarte, delicada y fragante como una fiera
flor de amarillos pétalos,
has vencido por hoy, durmiéndote en mis brazos.
 José Mª Velázquez Pérez 
España

07 abril 2018

Alberto Lauro, Carta a Saulo

Hermano:
Los labios con que has mentido
hoy son mis labios, olvidada la voz,
la zarza ardiente, el polvo
del camino de Damasco.
Es de madrugada.
Como un fantasma entra a mi cuarto
una anciana rezando el rosario
detenido en los misterios dolorosos.
Y todavía me bendice.
Afuera, en la noche del mundo,
de nuevo canta el gallo
tres veces por mí. 
Alberto Lauro
Cuba
Holguín, 1959

06 abril 2018

Juan Gil-Albert, La tarde


Sólo cuando se es hombre se sabe qué es la vida. 
Sólo si se ha cumplido con la edad 
se sabe lo que empieza y lo que acaba. 
Se sabe que el vacío que nos queda 
es el hermoso todo que tuvimos: 
como un bosque inmolado. 
Donde el azul del cielo sólo encuentra 
ancho campo abismal.
Ya nada obstruye 
el palpitar de un ala poderosa. 
Ya las paredes todas se evadieron 
y estamos al desnudo, como un cuerpo, 
paradisíacamente.
Es el retorno
tras haber agotado a la serpiente. 

Tras haberla dejado de escuchar. 
Es el retorno fiel a la ignorancia. 

Juan Gil-Albert
España
Alcoy, 1 de abril de 1904
Valencia, 4 de julio de 1994