Al desván de la memoria
y te encuentro –precisamente allí-
arrumbado en el rincón de los deseos.
Ahora me recuerdo colgada de tu mano,
prendida de tu voz,
codiciando tus susurros.
A tu lado,
me recuerdo en un camino sin aristas,
sorteando bosques infinitos,
en la dulce tarea de aspirar, contigo,
esos aromas inmortales.
Al bajar
los peldaños de la existencia,
no doy con el interruptor de la luz,
me hieren las esquinas de los muebles,
tropiezo.
No estás.
Pero más me duele lo mucho que te extraño.
Mª Fernanda Trujillo León

