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03 agosto 2017

Ana Cecilia Blum, La eternidad de la tinta

Todo lo diluye la tinta:
la zozobra, el futuro,
el otro que habita adentro.

La tinta te eleva, te suaviza
te hace pluma de pajarito
pelusita de gato en el aire de la mañana
realidad sin sentencia
manos que conversan
espantos que se extinguen.
Ana Cecilia Blum
Ecuador
Guayaquil, 17 de marzo de 1972

28 diciembre 2016

Ana Cecilia Blum, Expectations

La mala hierba
crece en todas partes.

A veces
el fuego de la razón llega
y la extermina

pero hay rituales
que nunca mueren

y entonces
la mala hierba
vuelve a crecer.

Ana Cecilia Blum
Ecuador
Guayaquil, 17 de marzo de 1972

29 agosto 2016

Ana Cecilia Blum, El jubilado

Esa mañana, cuando la luz se metía
entre las bancas, a través de los álamos
en el parquecito de Santa Fe
frente a la Basílica de San Francisco,
el jubilado me dijo
que a veces uno no desea morir
-sólo a veces-.

 Cuando el esqueleto se despierta sin quejas
y en la terraza el sol entiende la piel de la vejez.

 Cuando el menú del día está sabroso,
la pensión llega a tiempo, completa,
y la casa no insiste en caerse a pedazos.

 Cuando la memoria recuerda solamente lo bueno, lo bueno;
los hijos vienen de visita,
los nietos cuelgan de la alegría, abren la nevera
y se comen hasta la soledad.

 Cuando uno reposa contento, encantado
en las tintas de un buen libro,
o en los andamios de una gran película,
y entonces no hay apuro para encontrarse con Dios.

 Cuando el día está bonito, sí, bonito
y no importa si el gobierno entero se va al carajo.

 Eso, me dijo el jubilado,
en el parquecito de Santa Fe
frente a la Basílica de San Francisco,
que a veces uno no desea morir
-sólo a veces-.

Ana Cecilia Blum
Ecuador

Guayaquil, 17 de marzo de 1972