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01 agosto 2019

Alda Merini: Temor de tus ojos

Temor de tus ojos,
De ese vértice puro
donde el pensamiento late,
temor de tu mirada
recóndito terciopelo de álgebra,
con el que me recorres,
temor de tus manos,
ligeros imanes
que reclaman linfa,
temor de tus rodillas
que presionan mi seno,
y temor aún,
hasta que el mar sumerge
mi carne débil,
y yo descanso agotada
sobre ti que eres playa,
y yo soy la ola
que azotas y azotas
con tu remo de amor
 Alda Merini
Italia
Milán, 21 de marzo de 1931
1 de noviembre de 2009

27 julio 2019

Emilio Coco: Anhelé siempre


Anhelé siempre
poseer una casa toda mía,
un trozo de jardín donde escribir
mis versos más bellos
a la leve claridad de la luna.
Pero vivo en un oscuro condominio
y da mi estudio hacia una calle
lacerada por el bramido de los coches.
Siempre he soñado un árbol,
no me importa si un sauce o si una encina
a cuya sombra sentarme
y componer románticos poemas
con el trino de los pájaros de fondo
y el suave susurro de las frondas.
Pero salgo al balcón y sólo veo
contenedores plenos de inmundicias
y neumáticos viejos apilados
al lado de una vulcanizadora.
El cielo desteñido escruto
y nada me conmueve
ni siquiera esa nube desflecada
que asoma tras el monte.
Si una tormenta reventase al menos
con truenos y relámpagos y féretros abiertos
me inspiraría un canto inigualable.
Pero todo transcurre banalmente.
Por haberme ahorrado tanto estrago
te doy gracias, Señor.
Emilio Coco
Italia
San Marco in Lamis, 1940

11 julio 2019

Giuseppe Ungaretti: Agonía

Morir como las alondras sedientas
 en un espejismo
 O como la codorniz
pasado el mar
 en los primeros arbustos
 porque ya no siente
el deseo de volar
 Pero no vivir de lamentos
  como un jilguero ciego.
Giuseppe Ungaretti
Italia
Alejandría, Egipto 8 de febrero de 1888/
Milán, Italia, 1 de junio de 1970

14 mayo 2019

Alida Airaghi: No son olas…


No son olas. Tampoco quizá
tienen la intención; rizos ligeros,
arrugas del agua, nada más.
No será nunca tempestad,
este lago; escaso su coraje
de hacerse mar: si recibe un río,
lo aplaca, lo anula en una calma
casta. Y así nada de corridas ni fugas
de peces, sino vagas rondas,
vuelo de plumas de patos que se divierten.
Hay que tener miedo del que no osa:
lagos colinas periferias.
Aguas quietas y profundas guardan
maleficios, brujerías. 
Alida Airaghi
Italia
Verona, 1953

02 abril 2019

Emilio Coco: Gracias, Señor

Gracias, Señor
por la criatura
que, sacudiéndose la lluvia de las alas,
se aproxima a saltitos circunspectos
a picotear del pan una migaja,
casi bajo mi pie,
mientras espero sentado en una banca
el autobús que me regrese a casa,
luego de una noche insomne en hospital.
Gracias desde el alma por la compañía.
Gracias por no atemorizarla. 
Emilio Coco
Italia
San Marco in Lamis, 1940

01 enero 2019

Alessandra Racca: Nadadora

Llueve.

Mi madre llora
su no poder ser hija.

Yo lloro
mi no poder ser madre.

Con mi ser hija
ando a los golpes hace tiempo.

“Ustedes mujeres no están
nunca
contentas y están así enormemente
llenas de agua”.

Las mujeres en esta habitación
son bellas
tal vez no están nunca contentas,
a veces lloran pero
saben consolar.

Tomo a mi madre en brazos
aunque no es todavía vieja
aunque no es este mi turno
de ser madre de madre.

Pequeña pequeña madre mía
esta noche querría acunar tu llanto.

Mi madre sonríe agua
dentro de sus ojos.

Llueve.

No hay nada más potente que el agua, ¿sabes?
Ni fuego, ni viento, ni terremoto.
Y en un tiempo, se sabe,
la vida empezó a agitarse en el agua.

Llueve y esta habitación está llena de agua:
yo soy aquel pequeño feto
nena
nadaré todo el invierno
naceré en primavera
primero saldrá agua
después yo.

No se preocupen cuando llore.
Llorar sirve para respirar. 
Alessandra Racca
Italia
Turín, 1979

16 diciembre 2018

Giacomo Leopardi: A Silvia

¿Todavía recuerdas
de tu vida mortal, Silvia, aquel tiempo,
en el que la beldad resplandecía
en tus ojos huidizos y rientes,
y alegre y pensativa, los umbrales
juveniles cruzabas?

Resonaban las calmas
estancias, y las calles
vecinas con tu canto inagotable,
mientras a las labores femeniles
te sentabas, dichosa
de aquel vago futuro de tus sueños.
Era el mayo oloroso: y tú solías
pasar el día así.

Yo los gratos estudios
tal vez dejando y los sudados pliegos,
que mi temprana edad
gastaban y de mí la mejor parte,
en los balcones del hogar paterno
escuchaba el sonido de tu voz
y tu mano ligera
recorriendo la tela fatigosa.
Miraba el cielo calmo,
los dorados caminos y los huertos,
y allá el lejano mar, y allá los montes.
Lengua mortal no dice
lo que mi alma sentía.

¡Qué dulces pensamientos
que esperanzas, qué pálpitos, oh Silvia!
¡Cómo la vida humana
y el hado contemplábamos!
Cuando recuerdo tantas ilusiones,
me abruma un sentimiento
acerbo y sin consuelo,
y me vuelve a doler mi desventura.
Oh tú, naturaleza,
¿por qué no das después
lo que un día prometes? ¿por qué tanto
engañas a tus hijos?
Antes que el frío arideciera el prado,
de extraña enfermedad presa y vencida,
moriste, oh mi ternura, sin que vieras
las flores de tu edad;
no alegraba tu alma
el dulce elogio o de las negras trenzas
o de tu vista esquiva y amorosa;
ni contigo en las fiestas las amigas
de amoríos hablaban.

También murieron pronto
mis dulces esperanzas: a mis años
también les negó el hado
la juventud. ¡Ah, cómo,
cómo pasaste, cara compañera
de mi primera edad,
mi llorada ilusión!

¿Es este el mundo aquel? ¿Éstas las obras,
el amor, los sucesos, los placeres
de los que tanto entre los dos hablábamos?
¿esta es la suerte de la raza humana?
Al llegar la verdad
tú, mísera, caíste: y con la mano
la fría muerte y la desnuda tumba
de lejos señalabas.
Giacomo Leopardi
Italia
Recanati, 29 de junio de 1798
Nápoles, 14 de junio de 1837

15 diciembre 2018

Mía Lecomte: Intimidad

La hija mayor esta mañana habló con el diablo
en la habitación rosa pálido volcada en el sol él
se presentó a ella desde dentro y le dijo con su
propia voz que el santísimo es el dios de los perdedores
mientras un pacto eficaz asegura la victoria suprema
la certeza del placer para siempre en ausencia de eternidad

la menor en su cama mientras tanto soñaba con un vampiro
y también con un monstruo tricéfalo y con algunos fantasmas
que jugaban todos a los dados en la sábana de mármol
se enorgullecían de sus atavíos le explicaban
sobre muertos vivientes y otras simples cuestiones de sexo

apoyada en la idea de sí misma la madre descosía los volantes
de su día perfecto lo llenaba de ojales al azar
botones de varias dimensiones recordaba que aquel día
había amado a un licántropo él la había desnudado hasta
el punto donde brilla todavía un remiendo de plata
Mía Lecomte
Italia
Milán, 27 de abril de 1966
Traductor:Emilio Coco

04 diciembre 2018

Antonella Anedda: Residencias invernales

Piensa en los instrumentos de la casa
el martillo en la sombra del desván
los clavos dispersos sobre el paño, la sierra,
la perforación helada de la cesta.
Han apagado fuego y faros
han cerrado las persianas de madera
cada habitación  conoce solamente
una línea de luna invernal.
Cubiertos el diván y las sillas
derramados una botella y un vaso
disueltas las sales
en la bruma de las sábanas y de la oscuridad.

 Con cuidado el invierno prepara su desventura
con intrigante obsesión amontona luz sobre la nieve
amaestra los pájaros uno a uno
en el frío de los hilos y de las ramas, en las camas sólo de red
en las ondas de los colchones
que expuestos al viento se desempolvan.
Nada ofusca la casta belleza de esta miseria
el tizón quema en la chimenea lejana
el agua se recoge más allá
en cuencas de quietud doméstica, en casas lucientes
desde las avenidas hasta el portón.

 El invierno dispone de su tiempo
como pan lo pone sobre el borde de una piedra
con calma recoge mi mirada
tu cuello, el geranio agujereado por el gorrión
el papel mojado por la lluvia.
La llave se mece en el gesto nocturno.
Cuenta los pasos, cuenta las astillas de las vigas entre los zapatos.
Ahora iremos lejos
cuerpo a cuerpo
en el breve espacio que nos han asignado.
Aún capaces de lanzar sombras en los muros
aún  mortales.
Antonella Anedda
Italia
Roma, 22 de diciembre de 1955

09 noviembre 2018

Silvia Favaretto: Licor de luna

El amor pasa
como un fantasma a través de nosotros.
Nos llena y nos vacía.
El amor danza líquido
en nuestro envase.
Sólo estamos hechos de distintos materiales,
hay los que son de esponja
y los que son de vidrio.
Un día me caí y me rompí
en pequeños pedacitos de resplandeciente cristal.
Mi amor
se vertió todo en el piso
y fue absorbido por la tierra fría.
Silvia Favaretto
Italia
Venecia, 24 de Febrero de 1977

30 septiembre 2018

Anna Ventura: La nuez

Durante un concierto se durmieron todos.
Hasta los músicos.
Cuando se despertaron cada uno
miró el reloj y vio
que habían pasado tres horas
pero ninguno osó confesar el suceso
y todavía menos los sueños que había tenido.
Sólo el niño que había soñado
que era una nuez
se lo dijo a su mamá y ella
le respondió que nunca nadie había soñado nada más hermoso.
A la mañana siguiente la mujer que limpiaba la sala
encontró una nuez debajo de una butaca
y se la puso en el bolsillo.
Allí la encontró su niño, la cogió,
se la comió y la encontró buenísima.
Aquella nuez fue la única prenda
que el tiempo dejó por tres horas
robadas a aquellos nobles espíritus
reunidos en la concha sonora
de un caluroso Auditorium,
fue el único objeto
sustraído al mundo de los sueños
de un niño por otro niño.
Anna Ventura
Italia
Roma, 16 de diciembre, 1936

24 agosto 2018

Alfonso Gatto: Las cosas

Un día golpearán en cada casa,
quien vive ya es culpable de tener
su vida a solas. Cuando baja oscura
la noche, uno se queda tras los vidrios
aguardando que llegue el vasto absurdo
de la quietud. Está en las mismas cosas
de siempre, siempre en su lugar, la nueva
mirada pétrea: la desierta esquina
pone a salvo al que huye o bien lo embate
de cara al pelotón. Parece un vano
delirio este creer aún en las cosas.
Alfonso Gatto
Italia
Salerno, 17 de julio de 1909
Orbetello, 8 de marzo de 1976

14 julio 2018

Ada Negri: No ha llegado la noche

No ha llegado la noche todavía
y ya es de noche en esta habitación
donde ayer cabía el mundo entero
y hoy sobramos los dos y solo cabe
la noche, que ya tarda, sin final.
Ada Negri
Italia
Lodi, 3 de febrero de 1870
Milán, 11 de enero de 1945

21 mayo 2018

Anna Ventura: El breviario

Entramos en el paisaje tristísimo,
una tristeza entretejida de colinas,
árboles desnudos, hierbas bajas,
espino albar en flor.
En casa encontramos a la abuela
de noventa años, con su viejo hijo al lado,
los dos cerca del fuego, el breviario
abierto en la página
de aquel día y de aquella hora. Ellos
no sabían
que eran un fragmento de eternidad,
una escama reluciente
impregnada de tiempo y de destino.
Anna Ventura
Italia
Roma, dicciembre de  1936

18 mayo 2018

Pier Paolo Pasolini, Análisis tardío

Sé bien, sé bien que estoy en el fondo de la fosa;
que todo aquello que toco ya lo he tocado;
que soy prisionero de un interés indecente;
que cada convalecencia es una recaída;
que las aguas están estancadas y todo tiene sabor a viejo;
que también el humorismo forma parte del bloque inamovible;
que no hago otra cosa que reducir lo nuevo a lo antiguo;
que no intento todavía reconocer quién soy;
que he perdido hasta la antigua paciencia de orfebre;
que la vejez hace resaltar por impaciencia sólo las miserias;
que no saldré nunca de aquí por más que sonría;
que doy vueltas de un lado a otro por la tierra como una bestia enjaulada;
que de tantas cuerdas que tengo he terminado por tirar de una sola;
que me gusta embarrarme porque el barro es materia pobre
y por lo tanto pura;
que adoro la luz sólo si no ofrece esperanza.

Pier Paolo Pasolini
Italia
Quartiere Santo Stefano, 5 de marzo de 1922
 Ostia, 2 de noviembre de 1975

01 abril 2018

Valerio Magrelli, Finalmente aprendí...


Finalmente aprendí
a leer la viva
constelación de las mujeres
y de los hombres, las líneas
destinadas a unirles las figuras.
Y ahora me doy cuenta de los signos
que amarran el desorden de los cielos,
y en esta bóveda dibujada por el pensamiento
distingo la silenciosa rotación de la luz.
Esta es mi nocturna
partida de ajedrez.
Pero juego solo y apunto con minucia
la oscilación de los signos.
Así se cierra el día
mientras paseo
en el silencioso huerto de las miradas.
Valerio Magrelli
Italia
Roma, 10 de enero de 1957 

25 marzo 2018

Alessandra Racca: No, no son los brotes de los árboles...

para Elena

No, no son los brotes de los árboles:
es que ciertas noches, amiga mía
nuestras palabras
perfuman.

Y no hay que confundirlas
con las voces del alba:
son nuestras madres
que sonríen en el sueño
son nuestras abuelas
que hacen cabriolas sobre los techos. 
Alessandra Racca
Italia
Turín, 1979

19 marzo 2018

Alda Merini: Beso

Beso que soportas el peso
de mi alma breve
en ti el mundo de mi discurso
se vuelve sonido y miedo.
Alda Merini
Italia
Milán, 21 de marzo de 1931/
1 de noviembre de 2009

17 marzo 2018

Giancarlo Micheli, No ser

Ahora sé que todo es verdad
Moriré en una tarde de verano
Y no me salvará ningún verso
Si vuestros corazones permanecen mudos.

Moriré debajo de un plátano entre cuyas hojas
Se marchita una luna menguante
Y de mi sangre quedará una leve lontananza
Y no me salvarán quietas figuras
Que tengan memoria de mi sangre
Y seré nada como ahora
Olvidado en una nube de prácticas
En el cuenco de mi cráneo
Beberán los pájaros mi voz
Y ninguno habrá sabido
Si todo ha sido verdad.
Giancarlo Micheli
Italia
Viareggio, 1967

01 marzo 2018

La caracola, Margherita Guidacci

No te pertenezco, a pesar de que en la palma
de tu mano ahora reposo, caminante;
ni a la arena de la que me recogiste,
donde yacía largamente antes
de que a tus ojos se ofreciera mi forma admirable.
Yo, compañera de ágiles peces y algas,
cobré vida en el seno de las libres olas.
Y no el odio, ni el olvido,
sino la amarga tempestad me separó de ellas.
Por eso se lamenta en mí la antigua patria y murmura
asiduamente y suspira mi alma marinera,
mientras mantienes en tu mano mi secreto,
y asombrado acercas tu oído extranjero.
Margherita Guidacci
Italia
Florencia, 1921
Roma, 1992