01 marzo 2018

La caracola, Margherita Guidacci

No te pertenezco, a pesar de que en la palma
de tu mano ahora reposo, caminante;
ni a la arena de la que me recogiste,
donde yacía largamente antes
de que a tus ojos se ofreciera mi forma admirable.
Yo, compañera de ágiles peces y algas,
cobré vida en el seno de las libres olas.
Y no el odio, ni el olvido,
sino la amarga tempestad me separó de ellas.
Por eso se lamenta en mí la antigua patria y murmura
asiduamente y suspira mi alma marinera,
mientras mantienes en tu mano mi secreto,
y asombrado acercas tu oído extranjero.
Margherita Guidacci
Italia
Florencia, 1921
Roma, 1992

1 comentario:

g dijo...

Siempre hay algo que se estropea cuando paseo el rumor de las olas, y ahora ya descubrí el motivo.