24 abril 2010

Piedad Bonnett, Desolación


Ese sonar de aldabas me levantó del sueño,
sobresaltó mi corazón dormido.
Cuánto ruido trajiste a esta casa:
Qué músicas extrañas,
qué silencios no oídos.
Todos los corredores se poblaron de ti
y olvidaron de golpe su soledad de siglos.
Un aroma de mar invadió las alcobas
y a un día tembloroso se abrieron sus postigos.
Ese sonar de aldabas sobresaltó mi noche,
rompió candados y rompió cerrojos.
No podía saber que cuando el aire
barriera el polvo en todos los rincones
y de olor a manzanas se llenara la huerta,
te marcharías sin sonar de aldabas,
dejando tus silencios
y las puertas abiertas.

Piedad Bonnett
Colombia
Amalfi, 1951

6 comentarios:

Abedugu dijo...

Me gusta este poema y tomo nota de la autora.
Tengo que reconocer que son muchos los poetas desconocidos para mi y tu blog es una puerta abierta para ir conociéndolos.
Gracias Trini

carmensabes dijo...

Piedad es una genia, me encanta, este poema lo conocía y me ha entusiasmado. Sé de lo que habla, impresiona, muy bueno.

Gracias querida Trini

carmensabes dijo...

Quería decir en el anterior comentario que NO lo conocía.

carmensabes dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
anamorgana dijo...

No la conocía, gracias en primer lugar por darme a conocer a tantos poetas.
El poema me ha encantado.
Besos

elena clásica dijo...

Un poema que entusiasma hasta la médula, ese polvo que el alma alegre hace barrer y desaparece junto con la soledad... esa persona que tanta pasión y tanta vida aporta que después se marcha en silencio...
En fin, no tengo palabras suficientes para ensalzar el poema que has escogido.
Una maravilla como pocas.
Besazos, querida Trini,