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23 diciembre 2017

La muerte del ciudadano, Ledo Ivo

Levántate Juan y grita al mundo
la protesta escondida en tu pecho
o guardada en tu llanto.
Ahora que moriste, el mundo es menos grande.
Perdiste, finalmente, los cielos supradivinos
y la dulzura de un átomo.
Vales más tieso que vivo,
con tu metafísica evidente
en los pliegues de la mortaja.
Levántate, Juan y grita a los presentes
que esta vida no cede, que esta isla
no esconde un tesoro.
Lloraste inútilmente: amaste en vano.
Al viento, ofreciste tu rostro desnudo,
imagen de Juan.
Debajo del paisaje quedarás
hasta diluirse tu sumario total:
el polvo que fue Juan.
Ledo Ivo
Brasil
Maceió, Alagoas, 18 de febrero de 1924
Sevilla, España, 23 de diciembre de 2012

03 noviembre 2017

El pequeño Juan, Luis Fernando Afanador

“¿Quién se robó mi niñez?”
S.P/C.C.
Te miro
y tiemblo
pequeño
ah, quién pudiera ser
un guardián entre el centeno
y agarrarte
antes que tu infancia
vaya hacia al abismo.
Luis Fernando Afanador

Colombia

24 julio 2017

Juan se llevaría la palabra isla... Jesús Aguado

Juan se llevaría la palabra isla. Así,
ante las preguntas sibilinas que siempre
son el crepitar del fuego, el graznido del
cormorán o el repiqueteo de la lluvia,
y de cuya contestación dependen que se
nos entreguen o que nos rechacen,
podría decirles: "me llamo Juan y estoy
en una isla". Y luego ya en voz baja
y para darse ánimos, seguiría: "sé mi
nombre y el nombre del lugar donde habito.
Con estas certezas construiré de nuevo el
mundo. Haré que dialoguen sin pausa
hasta que estalle el orden felino del
lenguaje". De los abrazos tiernos y de
los sanguinarios duelos de la palabra
isla y de la palabra Juan, de los chispazos
del amor y del odio, surgirán las
palabras otro, armazón, desasosiego, velamen...
e infinitas más que, al irse despertando clamarían por un lugar propio,
y cuando ya no cupieran allí hallarían entre todas
la palabra ballena y esta pugnando como si fuera una pelota,
empujaría la isla hasta el límite del mundo.
Entonces Juan, instintivamente,
tomaría una por una todas las palabras
y las arrojaría al abismo.
Cuando sólo le volvieran a quedar la palabra Juan y
la palabra isla se diría:
"¿no sería más divertido, por más difícil,
reinventar una vez más el mundo ahora
únicamente con una de estas dos palabras?"
Y con un júbilo sereno
se desharía de la palabra Juan. 
Jesús Aguado
España
Madrid, 1961