05 enero 2012

Miguel Hernández, Las abarcas desiertas

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda la gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y un mundo de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

Miguel Hernández
España
Orihuela 30 de octubre de 1910/ Alicante 28 de marzo de 1942
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6 comentarios:

jackie dijo...

Waooo!! Que tristeza. Lamentablemente para muchos esta fecha no es motivo de alegria. Gracias por hacerme reflexionar. Muchas bendiciones y muchas felicidades!

José Manuel dijo...

Ya conocía este poema, pero cuando lo leo me hace pensar en lo que pasaron nuestros padres y abuelos cuando solo tenía lo puesto, y no había para jugetes. Hoy todavía algunos en el mundo no tienen regalos de Reyes.

Besos

Tesa dijo...

No conocía este poema tan bello y tan triste.

Esta noche pienso en los niños que mañana tendrán sus zapatos, abarcas, o zapatillas desiertas.

Un abrazo, poeta. Que los Reyes no pasen de largo, Trini, a mí seguro que me dejan carbón.

fgiucich dijo...

Un poema que parte del alma pero, al mismo tiempo, nos regala la calidad del poeta. Abrazos.

Marina Fligueira dijo...

Que maravilla Trini. Que grandes poetas hemos tenido. ¡Y seguiremos teniendo! Pues estos no mueren siempre están en nuestro recuerdo dándonos lecciones de poesía, y de humildad. Gracias por compartir tan hermosos versos.
Un abrazo Trini y se muy feliz

Galeote dijo...

Ya conocía este precioso poema de Miguel. Y es que en aquellos años hubo muchos cabreros y yunteros que solo tenían unas tristes albarcas el día de Reyes.
Un grandioso e inmortal poema lo que nos demuestra que casi todo lo grande nace desde abajo.

Gracias por compartirlo. Un saludo Juan.