01 enero 2012

Juan Ramón Jiménez, Las tardes de enero

Va cayendo la noche: La bruma
ha bajado a los montes el cielo:
Una lluvia menuda y monótona
humedece los árboles secos.
El rumor de sus gotas penetra
hasta el fondo sagrado del pecho,
donde el alma, dulcísima, esconde
su perfume de amor y recuerdos.
¡Cómo cae la bruma en en alma!
¡Qué tristeza de vagos misterios
en sus nieblas heladas esconden
esas tardes sin sol ni luceros!
En las tardes de rosas y brisas
los dolores se olvidan, riendo,
y las penas glaciales se ocultan
tras los ojos radiantes de fuego.
Cuando el frío desciende a la tierra,
inundando las frentes de invierno,
se reflejan las almas marchitas
a través de los pálidos cuerpos.
Y hay un algo de pena insondable
en los ojos sin lumbre del cielo,
y las largas miradas se pierden
en la nada sin fe de los sueños.
La nostalgia, tristísima, arroja
en las almas su amargo silencio,
Y los niños se duermen soñando
con ladrones y lobos hambrientos.
Los jardines se mueren de frío;
en sus largos caminos desiertos
no hay rosales cubiertos de rosas,
no hay sonrisas, suspiros ni besos.
¡Como cae la bruma en el alma
perfumada de amor y recuerdos!
¡Cuantas almas se van de la vida
estas tardes sin sol ni luceros!

Juan Ramón Jiménez
España
Moguer, Huelva, 24 de diciembre de 1881

San Juan, Puerto Rico, 29 de mayo de 1958

3 comentarios:

José Manuel dijo...

!Cómo cae la bruma en el alma...
Me quedo con este verso, refleja toda la tristeza del invierno.

Que este año nuevo sea todo lo que deseamos que sea. Besos.

fgiucich dijo...

Uno de los poemas más felices del autor de "Platero y yo", que , altri tempi, me lo sabía de memoria. Abrazos.

“No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo”. dijo...

Absolutamente genial