08 diciembre 2016

Michelle Najlis, Yo, mujer

Yo, mujer,
terca habitante del planeta
Veo llegar el día en que el otoño
bese feliz la primavera.
Espero la vendimia de mi sangre.
Veo tornarse ocres las verdes hojas de mis manos.
Siento crecer la vida que sembré con loco amor
e insensatas alegrías,
mientras fueron pasando, uno a uno,
soles, constelaciones y planetas.
Aprendí a pronunciar los nombres de mis hijos
que me fueron revelados poco a poco
cuando ellos eran apenas
dulces astronautas de mi vientre.
Conocí los secretos de la vida.
Bebí con la avidez rachas de viento,
embriague mi piel con salobre espuma
dorada por el sol.
Conocí la tormenta en el océano
la perfecta oposición de los astros sobre el mar,
y sentí la pequeñez indómita de este cuerpo que ocupa
apenas un fragmento del tiempo y del espacio.
Yo, mujer,
terca habitante del planeta
he dejado mi huella amorosa en la nube
que pasa ligera.

Michelle Najlis
Nicaragua
Granada, 1 de noviembre de 1946

Jorge Debravo, El parto

Mujer, toda mi sangre está presente
contigo en esa lucha que sostienes.
Contigo está mi amor incandescente
y en tu llanto y tu duelo me contienes.

Nunca en la vida estuve tan de prisa
tan lleno de relámpagos y ruegos,
como ahora que ha muerto tu sonrisa
y están con tu dolor todos los fuegos.

Nunca estuvo mi amor tan a tu lado,
nunca como esta noche de tortura
cuando sufre mi amor crucificado
en el mismo tablón de tu amargura.

Jorge Debravo
Costa Rica
Volcán Turrialba, Costa Rica, 31 de enero de 1938/
San José, Costa Rica, 4 de agosto de 1967

07 diciembre 2016

Leopoldo de Luis, Cansancio

De la tierra me sube este cansancio,
esta fatiga de caminos.
La tierra es vieja, el hombre es viejo y lleva
caminando ya muchos siglos.
La vida es sólo una angustiosa marcha,
la tierra no tiene cobijo.
El hombre pasa y pasa. Por los campos
se suceden el hielo y el lirio.
El hombre pasa. El sol de agosto encierra
su oro en las torres de los trigos.
El hombre pasa. Gélidos rebaños
pastan en prados decembrinos.
El hombre pasa siempre. El tiempo pesa
sobre el paisaje mudo y frío.

Esta fatiga sube de la tierra,
este cansancio de caminos.

Sobre mi espalda pasan los senderos
que se recorren desde siglos.
Mis pies arrastran otros densos cuerpos
que lastran este cuerpo mío.
Vivir es caminar siempre de sombras
cargado hacia un fatal destino.
Este cansancio que ahora siento, acaso
sea un cansancio muy antiguo.

En el principio de la vida era
un hombre al borde de un camino.

Leopoldo de Luis
España
Córdoba, 11 de mayo de 1918
Madrid,  20 de noviembre de 2005

Sara Teasdale, Llegarán suaves lluvias

Llegarán suaves lluvias y el aroma de la tierra,
Y golondrinas dando vueltas con sus débiles sonidos;

Y ranas en los estanques cantarán por la noche,
Y ciruelos silvestres de tembloroso blanco.

Los petirrojos vestirán su fuego emplumado,
Silbando sus caprichos sobre una alambrada.

Y nadie sabrá de la guerra, nadie
Se preocupará al final cuando todo haya concluido.

A nadie le importaría, ni a pájaro ni a árbol,
Si la humanidad pereció completamente;

Y la Primavera misma, cuando despierte al amanecer
Apenas se daría cuenta que nos hemos ido.

Sara Teasdale
 Estados Unidos
San Luis, Misuri , 8 de agosto de 1884/
Nueva York, Nueva York, 29 de enero de 1933

06 diciembre 2016

Eugenio Montejo, Un año

Vuelvo a contarme aquí mi vida
otra tarde de otoño
viejo de treinta y tres vueltas al sol.
Vuelvo a replegarme en esta silla
palpando su inocencia de madera
ahora que el año hace su estruendo
y me sacude fuerte, de raíz.
En la terraza inicio otro descenso
al infierno, al invierno.
Sangran en mí las hojas de los árboles.

Eugenio Montejo
Venezuela
Caracas 19 de octubre de 1938/
Valencia,Venezuela,5 de junio de 2008

Eloy Sánchez Rosillo, Cavidad permanente

Eran tan sólo cuerpos asustados,
carne color de grito, fiebre alerta
en la savia lunar de los rumores.
Al llegar pronunciaron su oleaje,
su ocupación cansada de la noche.
Hincaron su raíz en la penumbra
y en los atrios brillaron las señales
de una claudicación predestinada.
Nada dijeron de la luz herida,
de las gargantas que se despertaron
sobre la oscuridad de ciertas horas,
ni del murmullo arrodillado, lento,
de la respiración de sus edades.
Sobre la piel de una sonrisa muerta
creció la profecía de los nombres.
Las calles se olvidaron de los ecos
que acaricia al pasar la madrugada,
y la humedad trepó por la osamenta
de una ciudad hundida en el verano.
Nadie pudo advertir con su ternura
la palabra que el tiempo edificaba
sobre un reloj partido: la memoria.
El Sur se levantó sobre la sangre
y la sangre gritó en sus acueductos.
Después volvió el dolor a los caminos
y abrió sus espirales la costumbre.

Eloy Sánchez Rosillo
España
Murcia, 24 de junio de 1948

05 diciembre 2016

Edna Saint Vincent Millay, Lamento

Escuchen, niños:
su padre ha muerto.
De sus sacos viejos
les haré chalecos,
les haré calzoncillos
de sus calzoncillos viejos;
habrá en sus bolsillos
cosas que allí ponía:
llaves y centavos
llenos de tabaco;
Dan tendrá los centavos
para su alcancía;
Ana tendrá las llaves
para hacer un sonido bonito.
Hay que seguir la vida
y olvidar a los muertos.
Ana, toma tu desayuno;
Dan, toma tu medicina.
Hay que seguir la vida.
No recuerdo por qué exactamente.

Edna Saint Vincent  Millay
Estados Unidos
Rockland, 22 de febrero de 1892/
Austerlitz, 19 de octubre de 1950

Traducido por J. C. Urtecho y E. Cardenal

José Hierro, Presto

De todos los que vi (se sucedían
fatalmente), de todos los que vi,
todos aquellos que solicitaron
—de quienes yo solicité—ternura,
calor, ensueño, olvido, paz o lágrimas...
De todos esos en los que viví,

por qué tenías que ser tú, retama
matinal, estival, voz derruida,
perro sin amo, espuma levantada
hacia las noches, agua de recuerdo,
gota de sombra, dedos que sostienen
un pétalo de sol... por qué tenías,
ciega, precisamente que ser tú...

De todos los que vi, por qué tenías
que ser tú, leño que sobrenadabas...
Por qué tenías que ser tú, muralla
de ceniza, madera del olvido...

Por qué tenías que ser tú, precisa—
mente tú, con el nombre diluido,
con los ojos borrados, con la boca
carcomida, lo mismo que una estatua
limada por los siglos y las lluvias...
De todos los que vi, desenterrados
de las mañanas y los cielos grises...

De todos, todos, todos, por qué habías
de ser tú sólo quien me entristeciese,
quien se me levantase, puño de ola,
me golpease el corazón, con esos
instantes sin nosotros, caracolas
duras, vacías, donde suena el mar
de otros planetas...

Modelada en sombra
y en olvido, tenías que ser tú
melancolía, quien resucitase...

José Hierro
España
Madrid 3 de abril de 1922/ 21 de diciembre 2002

04 diciembre 2016

Czeslaw Milosz, Dedicatoria. Varsovia 1945

Vosotros, a quienes no pude salvar      
Escuchadme.    
Intentad entender estas simples palabras, ya que de otras me avergonzaría.  
Os juro que en ellas no hay hechicería.
Os hablo en silencio como una nube, como un árbol.   

Aquello que me fortaleció a mí, para vosotros fue mortal.         
Confundisteis el adiós a una época, con el advenimiento de una nueva              
–Odio confabulado de belleza lírica.      
Fuerza ciega de forma completa.           

He aquí un valle polaco de ríos anémicos. Y un inmenso puente             
perdiéndose en la niebla. He aquí una ciudad vencida,
Y el viento arroja alaridos de gaviotas sobre vuestra tumba      
Mientras os hablo.        

¿Qué clase de poesía es aquella que no salva   
Naciones o pueblos?    
Una conspiración de mentiras oficiales.              
Una tonadilla de borrachos cuyas gargantas serán cortadas de inmediato,        
Una conferencia para señoritas.             
He deseado la buena poesía sin saberlo,            
He descubierto, ya tarde, su saludable objetivo.            
En ella y sólo en ella, encuentro salvación.         

Se solía esparcir millo o alpiste sobre las tumbas             
Para alimentar a los muertos que volvían disfrazados de pájaros.          
Aquí os dejo este libro, vosotros quienes alguna vez vivisteis  
Para que nunca más volváis.

Czeslaw Milosz
Lituania
Šeteniai, Lituania, 30 de junio de 1911
 Cracovia, Polonia14 de agosto de 2004

Andrés Trapiello, E.D

Mírame aún. Creció musgo en mis labios
y en los inviernos crudos me visita la nieve.
Siéntate, viajero, a mi lado.
Cuando la lluvia arranca plateadas
coronas de la piedra y silenciosa
en el ciprés muere la tarde, sólo
de ti me acuerdo. Pero tú estás lejos.
Pasa tu mano por mi nombre y quita
las hojas amarillas que lo cubren,
y los pétalos secos de esas flores
antiguas. Llámame después y dime
si el viento de esos campos lo ha borrado
o si tiembla en el aire todavía
como el romero verde.

Andrés Trapiello
España
Manzaneda de Torío, León, 10 de junio de 1953

03 diciembre 2016

Sophia de Mello, Elegía

Aprende
A no esperar por ti pues no te encontrarás

En el instante de decir sí al destino
Incierta te detuviste enmudecida
y los océanos después sin prisa te rodearon

A eso llamaste Orfeo Eurídice-
Incesante intensa la lira vibraba al lado
Del desfilar real de tus días
Nunca se distingue bien lo vivido de lo no vivido
El encuentro del fracaso-
Quién se acuerda del fino escurrir de la arena en el reloj
Cuando se alza el canto
Por eso la memoria sedienta quiere venir a la superficie
En busca de la parte con la que no diste
En el ronco instante de la noche más callada
O en el secreto jardín a orillas del río
En junio.

Portugal
Oporto, 6 de noviembre de 1919/
Lisboa, 2 de julio de 2004
 

Luis Miguel Madrid, Dolencias

Me duele el pecho cuando pienso en ti,
cuando pienso en ti me duelen las plaquetas,
las anginas operadas en el 75 y los huecos
que tengo entre los dedos de los pies.
Son achaques entrañables que me alivian
de aquellas otras dolencias que sufría
cuando te conseguía olvidar.

Luis Miguel Madrid
España
Madrid, 1960

02 diciembre 2016

José Luis Hidalgo, Amor así

Cuando dos cuerpos se unen para amar,
se quema más despacio la soledad de la tierra.
De corazón a corazón, de hueso a hueso,
saltan pájaros ardiendo como puñales
piel del mundo o deseo donde la carne gime,
un gran río desnudo de inesperados crisantemos.
Cuando dos cuerpos se aprietan como bocas,
se empujan como voraces cataratas al rumor de la vida
perdiendo un posible contacto con la muerte que espera,
que sobre el olvidado planeta a lo lejos refulge
como un fantasma solitario y oculto.
Hombre o mujer, árboles vibrantes,
hirvientes besos estrujados y un ángel.
Amarse es poseer la tierra sin sombras para siempre.

José Luis Hidalgo
España
Torrelavega, 10 de octubre de 1919/
Madrid, 3 de febrero de 1947

Mario Benedetti, Canal intraoceánico

Te propongo construir
un nuevo canal
sin esclusas
ni excusas que comunique por fin
tu mirada
atlántica
con mi natural
pacífico.

Mario Benedetti
Uruguay
Paso de los Toros 14 de septiembre de 1920/
Montevideo, 17 de mayo de 2009

01 diciembre 2016

Alfredo Pérez Alencart, Tras la niebla

Oculta tras la niebla
tus palabras
heridas.

Y quita
de su pedestal
esas palabras
que hieren.

Acércate ahora
a la tierra
más iluminada,

al camino
por el que nunca
te has perdido.

Alfredo Pérez Alencart 
Peruano-Español
Puerto Maldonado 1962

Sophia de Mello, Noche

Noche de hoja en hoja murmurada,
Blanca de mil silencios, negra de astros,
Con desiertos de sombra y luna, danza
Imperceptible en gestos quietos.

Portugal
Oporto, 6 de noviembre de 1919/
Lisboa, 2 de julio de 2004

30 noviembre 2016

Susana Thenón, Aquí

Clávate, deseo,
en mi costado rabioso
y moja tus pupilas
por mi última muerte.

Aquí la sangre,
aquí el beso roto,
aquí la torpe furia de dios
medrando en mis huesos.

Susana Thenón
Argentina
Buenos Aires, 1935 - 1991

José Ángel Buesa, Arte poética

Ama tu verso, y ama sabiamente tu vida,
la estrofa que más vive, siempre es la más vivida.
Un mal verso supera la más perfecta prosa,
aunque en prosa y en verso digas la misma cosa.

Así como el exceso de virtud hace el vicio,
el exceso de arte llega a ser artificio.
Escribe de tal modo que te entienda la gente,
igual si es ignorante que si es indiferente.

Cumple la ley suprema de desdeñarlas todas,
sobre el cuerpo desnudo no envejecen las modas.
Y sobre todo, en arte y vida, se diverso,

pues solo así tu mente revivirá en tu verso.

José Ángel Buesa
Cuba
Cruces, Cuba 2 de septiembre de 1910
 Santo Domingo, República Dominicana, 14 de agosto de 1982

29 noviembre 2016

Cirse Maia, No habrá

Construyendo los días uno a uno
bien puede ocurrir que nos falte una hora
-tal vez sólo una hora-
o más, muchas más, pero raro es que nos sobren.

Siempre faltan, nos faltan.
Quisiéramos robarlas a la noche
pero estamos cansados
nos pesan ya los párpados.

Nos dormimos así y la final imagen
-antes de zambullirnos en el sueño-
es para un día nuevo, de anchas horas
como llano estirado, como viento.

Lastimosa mentira.

No habrá días-burbuja imprevistos
sorprendentes, abiertos.

El zumo de este día transcurrido
se filtra por el borde de la madrugada
y ya la está royendo.

Cirse Maia
Uruguay
Montevideo, 29 de junio de 1932

Archibald MacLeish, Arts poética

Un Poema debe ser palpable, y mudo
Como una fruta redonda
Sin voz
Como viejos medallones contra el pulgar
Silencioso como la piedra gastada por las mangas
En el alféizar donde ha crecido musgo;
Un poema debe ser sin palabras
Como vuelo de pájaros
Un poema debe estar inmóvil en el tiempo
Mientras la luna asciende
Dejando, como la luna suelta
Ramita tras ramita los árboles enredados por la noche,
Dejando, como la luna tras las hojas de invierno,
Recuerdo por recuerdo la mente;
Un poema debe estar inmóvil en el tiempo
Mientras la luna asciende
Un poema debe ser igual a:
No es cierto
Por el amor
Las hierbas inclinada y dos luces sobre el mar:
Un poema no debe significar
Sino ser.

Archibald MacLeish
Estados Unidos
Glencoe, Illinois , 7 de mayo de 1892/
Boston, Massachusetts, 20 de abril de 1982