13 julio 2011

Lobo estepario (Hermann Hesse)

Yo, lobo estepario, troto y troto,
la nieve cubre el mundo,
el cuervo aletea desde el abedul,
pero nunca una liebre, nunca un ciervo.

¡Amo tanto a los ciervos!
¡Ah, si encontrase alguno!
Lo apresaría entre mis dientes y mis patas,
eso es lo más hermoso que imagino.
Para los afectivos tendría buen corazón,
devoraría hasta el fondo de sus tiernos perniles,
bebería hasta hartarme de su sangre rojiza,
y luego aullaría toda la noche, solitario.

Hasta con una liebre me conformaría.
El sabor de su cálida carne es tan dulce de noche.
¿Acaso todo, todo lo que pueda alegrar
una pizca la vida está lejos de mí?
El pelo de mi cola tiene ya un color gris,
apenas puedo ver con cierta claridad,
y hace años que murió mi compañera.

Ahora troto y sueño con ciervos,
troto y sueño con liebres,
oigo soplar el viento en noches invernales,
calmo con nieve mi garganta ardiente,
llevo al diablo hasta mi pobre alma.

Hermann Hesse
Versión de Andrés Holguín
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5 comentarios:

MUCHITA dijo...

Como siempre, en la tecla.

Besos mil.

fgiucich dijo...

Uno de los más grandes poemas!!! Abrazos.

Chesana dijo...

Hace ya muchos años leí a este autor, y me has recordado que he perdido el hábito de la lectura. Algo imperdonable sin duda.

Maritza dijo...

El Lobo Estepario lo leí en mi adolescencia y Hermann Hesse comenzó a ocupar un sitio tan importante en mi vida, que empecé a comprar todos sus libros, hasta hoy en mi poder.

También pintaba acuarelas y escribía poesía.

Fantástica, oscura, agónica y estremecedora obra de Hesse con la que me mimeticé tantas veces.

Abrazos,Trini, y gracias por traerlo. Me trasladaste hacia esa época, inolvidable, sin duda.

elena clásica dijo...

La conciencia de la desolación hecha palabras y convertida en la imagen simbólica del lobo estepario. Nunca el sufrimiento tomó carne y vida de manera más pasional que en estas palabras de Herman Hesse. Ah, la carne apresada entre sus dientes, de animalitos cándidos e indefensos para calmar el hambre de un hombre cuyo corazón ha vislumbrado el mal.

Extraordinario.

Un abrazo, querida Trini.