07 julio 2012

Gabriel Celaya, Dedicatoria final

Pero tú existes ahí. A mi lado. ¡Tan cerca!
Muerdes una manzana. Y la manzana existe.
Te enfadas. Te ríes. Estás existiendo.
Y abres tanto los ojos que matas en mí el miedo,
y me das la manzana mordida que muerdo.
¡Tan real es lo que vivo, tan falso lo que pienso
que -¡basta!- te beso!
¡Y al diablo los versos,
y Don Uno, San Equis, y el Ene más Cero!
Estoy vivo todavía gracias a tu amor, mi amor,
y aunque sea un disparate todo existe porque existes,
y si irradias, no hay vacío, ni hay razón para el suicidio,
ni lógica consecuencia. Porque vivo en ti, me vivo,
y otra vez, gracias a ti, vuelvo a sentirme niño.

Gabriel Celaya
España
Hernani, 18 de marzo de 1911

Madrid, 18 de abril de 1991
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3 comentarios:

Mª Jesús Verdú Sacases dijo...

Sí, Trini vivimos en las personas que nos rodean y a la inversas ellas en nosotros pues todos somos espejos y proyecciones. Hacemos de espejos a los demás y los demás a nosotros.

Me he sentido muy identificada con esta poesía de tan gran autor.

Gracias por compartirla

Ian Welden dijo...

"Y qué al diablo los versos!"Qué genialidad. No conocía a Gabriel Celaya, gracias querida Trini por presentármelo a este aprendiz de poeta que soy.
Abrazos desde una Copenhague enamorada de Celaya,

Ian.

francisco luis dijo...

Si en lugar de padresnuestros recitaramos más a menudo versos como éste, el amor que sentiriamos por el prójimo, póngasele al amor el apellido que queramos, estaría más presente entre todos. Probablemente la sensibilidad humana mejoraría.