23 agosto 2010

Ángel González, A mano armada


A mano amada,
cuando la noche impone su costumbre de insomnio
y convierte
cada minuto en el aniversario
de todos los sucesos de una vida;

allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,
los recuerdos me asaltan.

Unos empuñan tu mirada verde,
otros
apoyan en mi espalda
el alma blanca de un lejano sueño,
y con voz inaudible,
con implacables labios silenciosos,
¡el olvido o la vida!,
me reclaman.

Reconozco los rostros.
No hurto el cuerpo.

Cierro los ojos para ver
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo:
la memoria.


Ángel González
España
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Oviedo 6 de septiembre de 1925/
 Madrid 12 de enero de 2008

4 comentarios:

María Jesús Verdú dijo...

Interesante, como siempre. Paso a dejarte un cordial saludo

Lluvia dijo...

El temple y la elegancia de sus palabras siempre la he admirado...Y tu siempre estas ahi compartiendo tesoros como este.

Un abrazo

Maritza dijo...

Los momentos de imsomnio son caldo de cultivo para las emociones...

Abrazos desde Chile, querida Trini.

Luis Díaz Benjumea dijo...

Acudiré a menudo - casi a diario - a tu reseña Donantes de Paz. Luis. Y gracias por tu comentario de la Sierra de Aracena.