03 abril 2011

Vicente Gallego, La llamada de la selva

Siempre fue la tristeza
un dócil animal de compañía
con el que yo he jugado algunas tardes.
Sin apretar los dientes me estiraba del brazo,
paseaba conmigo, se sentaba a mis pies
en los fríos inviernos.
En los días aciagos, por probar su obediencia,
le lanzaba mi alma, y ella me la traía
dulcemente empapada en su aliento doméstico.
Siempre fue la tristeza
un dócil animal de compañía,
que hace tiempo ha adoptado
esta fea costumbre de morder a su amo.

Vicente Gallego
España
Valencia, 1963

3 comentarios:

carmensabes dijo...

Comprendo completamente este hermoso poema. La tristeza, a menudo se convierte en una compañía forzosa y a veces toma las riendas sin poder evitarlo.

Un abrazo querida Trini, estupendas tus selecciones.

Carmela Rey dijo...

Agradecerte Trini que hayas compartirdo este poema con nosotros. Es un hermoso poema donde es muy fácil verse reflejado.
Un abrazo

Maritza dijo...

Tremendo sentimiento espresado por el autor...
Cierto es que cuando te acostumbras a la tristeza, es como cuando crías a un perro de raza peligrosa, para uno es muy muy dócil y hasta amigo...pero apenas te descuides o lo provoques, muerde tu mano.

Excelente poema.

(Qué interesante la mirada del autor, en la foto...
Me gustó).
:)

Besos, Trini.