16 febrero 2018

Robert Desnos, La furtiva

La furtiva se sienta en el pasto crecido
para descansar de un recorrido agotador
a través de un campo desierto.
Perseguida, acosada, espiada, denunciada, vendida,
fuera de toda ley, de todo alcance.
A la misma hora en que se ponen las cartas sobre la mesa
y un hombre dice a otro:
«Hasta mañana».
Pero mañana estará muerto o se habrá ido lejos.
En la hora en que tiemblan las cortinas blancas en la noche profunda,
cuando el lecho trastornado de las montañas
abierto ante su invitada desaparecida
espera a algún gigante de más allá del horizonte,
la furtiva se sienta, se duerme la furtiva.
No hagan ruido, dejen descansar a la furtiva
en una esquina de esta página.

Teman que se despierte,
más enloquecida que un pájaro que se golpea contra los muros.
Teman que muera en su casa,
teman que pulverice todas las ventanas rotas,
teman que se esconda en un ángulo oscuro,
teman despertar a la furtiva dormida.
 Robert Desnos
Francia
Paris, 4 de julio de 1900
Campo de concentración de Theresienstadt, República Checa, 8 de junio de 1945

1 comentario:

g dijo...

Con los años que separan a Desnos de Herta Müller pero que la zozobra se repita...

Da que pensar: en el tiempo, en la repetición de los horrores, en la miseria...

Y, a pesar de todo ello, belleza encerrada en cada verso.